sábado, 26 de octubre de 2013

Ramificaciones

Colina despejada y pureza verde en la región.
Cielos blancuzcos, carente de desenlace.
Una nada en el todo y una entidad en el centro.
Ahí se ve, el árbol con sus innumerables ramas.

El eterno tronco nunca caerá.
Sobrevivirá por el olvido y la memoria.
Raíces unificadas por constantes principios y finales.
Un sentimiento abrumador de ver más allá.

Ramas que no se pueden contar,
ellas ocultan en sus hojas lo que no se debe mirar.
Y en la insistencia, hasta la mente fuerte perecerá.
Sorpresa será como esto volverá a empezar.

Hojas diferentes en cada rama, cada visión.
Nunca terminará, porque así lo dicta la naturaleza.
Lo absurdo y lo lógico, observados como uno.
Caos más orden como el híbrido definitivo. 

En la elección de seguir mirando,
otra hoja nacerá.
Herederos continuos e inmortales
que jamás se cansarán.

Incluso si hay muerte, otro elemento tomará su lugar.
Incluso si hay vida, otros lo acompañarán.
En el vacío habrá todo
mientras que en el todo habrá vacío.

Las raíces lo establecen.
El tronco lo mantiene.
Las ramas le dan vida.
Las hojas le darán lo incalculable.

El gran núcleo de lo existente ya está manifestado.
Es mejor contemplar, es mejor meditar.
Es mejor ser testigo del coloso con permanencia total
y sus decisiones distintas y únicas.

Las hojas siguen creciendo.
Las ramas se han vuelto más fuertes.
El tronco nunca se moverá.
Y las raíces detonarán la reacción de lo infinito.

sábado, 17 de agosto de 2013

Leyenda de Pena

Las y los soldados que participaron en el conflicto por la supervivencia de su territorio tuvo como resultado un desastre tan brutal que pondría de rodillas a todo lo que es clasificado como caótico. Sin importar si hombres y mujeres se hubieran lanzado como toros hacia una matanza en contra del flanco enemigo, tarde o temprano las consecuencias se harían visibles.

El palacio de piedra y madera, los cuarteles generales del líder del ejército triunfante, aquel al que le llaman el “Emperador”, había sufrido mucho daño por los ataques de la oposición, pero era nada comparado con lo que él sentía.

Al observar el campo de batalla desde el balcón de su hogar, contempló los cadáveres de sus rivales expuestos a la intemperie. Sus soldados, que denotaban de inmediato una expresión de disgusto, levantaban los cuerpos y los arrojaban a una fosa común o los mandaban quemar al agruparlos en montañas de carne. Ellos comprendían que estaban deshaciéndose de familias enteras. El orden se volvía a restablecer, pero a un alto costo que tendría que pagar la mente misma.

El Emperador se alejó del balcón y se acercó a un individuo sentado en una silla y oscurecido en un rincón de su habitación. Se arrodilló junto a él, bajó la cabeza, cerró los ojos, apretó los puños por unos segundos y entonces se confesó.

-¿De qué sirve este éxito si no hay nada para celebrar? Nadie de nosotros había matado a algún ser vivo antes pero teníamos que hacerlo o estaríamos perdidos. Estoy seguro que lo entiendes, el instinto nos hizo hacer lo que hicimos y ahora sufrimos por nuestros actos y quizás, merecemos esto. Hemos hecho enojar a nuestras cabezas, ahora ella nos está devolviendo el favor.

El líder accidentalmente golpeó una de las patas de la silla donde se sentaba su anfitrión. Como una piedra, su cuerpo se azotó en el suelo. No hubo quejas, únicamente un silencio sepulcral y perturbador. Él tuvo que levantarlo para posicionarlo de nuevo en su asiento. Tras sacudir sus manchas de polvo con un pañuelo, encendió un fósforo y prendió una vela cercana, lo que le hizo revelar ante sus ojos, el error más grande que había cometido. Si los soldados estaban en una situación de culpa horrible, su emperador estaría en una postura peor.

-Oh, siento tanto que haya ocurrido esto. Te juro que encontraré la manera para detener esto… si es necesario, te ataré y nunca más tendré que preocuparme por tu caída. Lamento el accidente, de verdad, lo lamento. Debí ser más rápido para ir por ti. No lo hice… fui lento, fui débil. Perdóname no sólo por mi fracaso sino por haber arruinado a mis  súbditos. Y ahora, me siento como un imbécil. No pudimos encontrar… lo que te hace especial… y lo que me da propósito.

La luz reflejó el cuerpo y se reveló como un joven sin cabeza. Un hijo que peleó junto a su padre en la guerra. Un hijo que no se percató como un espadachín a caballo le cortaba su conexión con la vida y que era inmediatamente derribado por un disparo de flecha al corazón. Un padre que no tuvo piedad en masacrar a quien quedara de pie junto a su contingente. No importando si eso significase matar a familias enteras en el proceso.

El Emperador, sollozando, se levantó débilmente y lanzó un rugido de tristeza como nunca antes lo había hecho. Dirigió toda su atención a los muebles cercanos y  comenzó a destrozarlos a puño limpio. Un guardia que había sido comisionado para proteger la habitación de su líder escuchó los súbitos ruidos y entró para averiguar si podía ayudar en algo. Lo único que sintió fue como su espada estaba a punto de ser desprendida de su vaina y que sostuvo ante la insistencia furiosa de su jefe.

-Dame tu espada, caballero.
-No.
-¡Que me la des!
-¡Espere!

El líder, con un rápido movimiento, enterró la espada directamente a los ojos del guardia. Aun llorando, se instaló en un punto en el que pudiera ver a su hijo y guardia muertos a la vez. Se hincó y con la espada aún en las manos, dirigió su punta hacia su torso.

-Lo siento tanto mi sirviente, pero con tu muerte te he salvado de que te culpen cuando me hayan descubierto. A ti hijo, esta es mi redención.

Y enterróse profundamente la espada y cayó igualmente como una piedra al suelo. En sus últimos segundos de vida, vio a un extraño granjero muy enflaquecido con una hoz sostenida en sus manos quien miraba agachado al joven decapitado. Entonces, y sonriendo gentilmente, fijó su mirada en el líder.

-No te preocupes. Todo va estar bien.

El Emperador cerró los ojos de forma permanente.

El Viaje en Zacatecas

9/08/13

La razón de la visita al estado fue para la graduación de una prima que obtenía su licenciatura en Odontología.
Todo comenzó cuando mi papá sugirió irnos a partir de las 10 AM, pero un improvisto con mi tío sobre mandados y chucherías adicionales nos hizo irnos media hora después. Mi primo, el chef, conducía el vehículo y yo pensaba que ir viajando por un aproximado de seis horas de Acámbaro a Zacatecas sería cansado y aburrido nada más porque no había con qué escuchar música, a pesar de las bocinas que traíamos, estas no alcanzaban a desplegar un sonido adecuado. Eso, sin embargo, disminuyó con las conversaciones que pendían desde como mi primo llego a escaparse tres veces o más de la escuela siendo apenas un niño y que por ello, cerraron dicha escuela; del como mi papá, en su niñez, se fue a pajarear con un amigo en vez de ir a la escuela y que un chismoso les arruinó la diversión cuando le fue a contar a mi abuelo sobre ello y, bueno, hubo cinturonazos de por medio; de como mi abuelo materno le ordenó a otro de mis primos, el médico, ir a una feria en Zacatecas y que durante todo el recorrido estuvieron poniendo una misma canción hasta que mi abuelo se lo aprendió.
Nos hubiéramos hecho 5 horas de no ser por los retenes o reparaciones en carreteras que tuvimos que atravesar y la tienda del Oxígeno en donde nos detuvimos para refrescarnos.
A través de Aguascalientes viajamos y finalmente llegamos a Zacatecas. Nos dirigimos derecho hacia el centro histórico siguiendo los letreros que decían "Catedral"; casi nos perdíamos en el intento pero llegamos a nuestro hotel, pequeño pero bonito, sanos y salvos.
Tras instalarnos en nuestra habitación, buscamos un restaurante para comer. Normalmente comemos a las 3 pero para ese momento ya eran las 5. Estuvimos recorriendo la avenida Hidalgo mientras mi primo insistía que debíamos comer en un lugar donde vendieran especialidades exclusivamente zacatecanas. Al final optamos por uno cuyo aspecto lucía muy fino: "Acrópolis"
Después, mi papa sugirió que subiéramos al teleférico, cosa que hicimos. A decir verdad, se siente como subir a un barco y en un elevador a la vez, pero, por supuesto, en el aire. Tuvimos un narrador con muy buen sentido del humor mientras nos describía cada aspecto importante de la ciudad. Mi tío, mi papá y yo disfrutamos este viaje por las alturas, mi primo no tanto.
Llegamos al cerro de La Bufa y nos subimos a un tren turístico que nos llevó a la cima, en un recorrido demasiado breve. Recorrimos la zona de las estatuas, la iglesia y el enorme balcón que ahí se encontraba.
Entonces, llegó el momento de descender. Cuando el presentador del tren nos dijo que el camino para bajar conducía a la parte trasera de la catedral, no estaba bromeando. Caminamos y caminamos en una ruta sumamente inclinada, la cual empezaba en una carretera -que no resultó ser carretera- y terminaba en los callejones de un vecindario. Al final, mis pantorrillas terminaron desgastadas y temblando. Nos merecíamos un descanso.
Alrededor de las 9, llegó mi tío zacatecano, nuestro anfitrión, con mi otra prima y los llevamos a cenar a "El Pueblito". Por supuesto, mi primo fue el que animaba las conversaciones, aunque no desperdiciaba ningún momento al comparar la comida con las de Guanajuato y Michoacán.
Salimos, estuvimos viendo un rato un pequeño evento estilo carnaval al lado de la catedral y luego cada uno se fue a dormir a sus respectivos lugares.


10/08/13

Amanecí con dolor de cabeza pero era uno de esos tipos de dolores que, pensé, se quitarían luego de unos minutos. No fue así y me tuve que aguantar hasta la hora del desayuno. Nuestro cuarteto salió a buscar un restaurante para ello y dimos con una llamada “Gorditas Doña Julia”. Todo era normal hasta que yo di el primer mordisco a mi orden. Pronto me di cuenta de la especialización que tenía esta cadena: Su chile. Un tipo de chile que es un reto para los que están acostumbrados a comer cosas picosas pero una tortura para los que no, como yo. Eso sí, puedo decir que la enchilada que me congeló el cerebro me quitó el dolor de cabeza. Pobres de los turistas que hayan venido a ese lugar y de aquella persona que haya cometido la osadía de pedir cinco gorditas para sí sola.
El desayuno no fue realmente satisfactorio, así que fuimos a otro lugar y ahí sí estuvimos bien.
Fuimos al evento de la graduación y todo salió sin nada inusual y bajo los estándares. Veredicto: Muchas fotos se tomaron.
Antes de yo despertará, escuché a mi primo que iba a recorrer el centro un rato y encontró un lugar que le dio interés llamado “La casa del inquisidor”, un museo. Terminada la graduación, fuimos a ese lugar y debo decir, honestamente, que el caso de La Bufa y del museo fueron lo mejor de todo el viaje de Zacatecas, ¿Por qué? Por el guía que nos llevó a nosotros y a otras cuatro personas más por las habitaciones y explicándonos con lujo de detalle los artilugios que se encontraban en cada una. Lo sorprendente no sólo fue la manera tan increíble en como narraba las cosas o como fue el hecho de haberme enterado de cosas que desconocía (Como el nombre completo de Miguel Hidalgo o el hecho de que las pinturas que se conocen de él son, de hecho, del médico de Maximiliano de Hasburgo), fue que una de las personas que estaban escuchando resultó ser antropóloga y ella preguntaba cosas complejas a lo que él respondía correctamente cada una de ellas y con la misma dimensión de profundidad que el resto de las cosas. El recorrido se sobrepasó de la hora pero me fui satisfecho de ahí.
Desde ese punto, caminamos como la mitad del camino de La Bufa a la catedral para llegar a la iglesia gótica (no sin antes perdernos brevemente en el proceso) donde se celebraría la misa de graduación de mi prima y sus compañeros.
Terminado el evento, mi tío anfitrión sugirió un lugar donde pudiésemos comer: Un buffet. Mi primera idea era comer en un Vips que teníamos de paso pero al final fui a dicho buffet y no estuvo nada mal el servicio al final.
Nos detuvimos en un Sanborns y en un mercado de artesanías y finalmente regresamos al hotel para descansar y prepararnos para la fiesta familiar de las 9. Mi celular murió llegando esa hora y entonces me di cuenta que no sobreviviría más allá de las 12. Pude haber aguantado más pero sin medios de entrenamiento y casi desfalleciendo del sueño, al final regresé con mi papá y con mi tío al hotel. Mi primo se quedó un rato más en la fiesta y regresó hasta las 3 AM.

11/08/13

Sr desató la lluvia por la mañana y eso me despertó.
Podríamos haber aplicado lo mismo que ocurrió de Acámbaro a Zacatecas pero nos retrasamos al desayunar en el Acrópolis, aunque eso lo interpreté como “terminaremos donde empezamos”.

Algunas veces pienso que cualquier viaje largo en cualquier vehículo de ida es tranquilo, pero los de regreso no son nada cómodos. Con eso de que nos hayamos perdido en Aguascalientes es un comienzo pero luego ya comenzó a mejorar el asunto hasta que finalmente llegamos a Acambarancho.

viernes, 7 de junio de 2013

Colores

La cabaña se mantenía silenciosa como siempre en una noche usual. Eso era normal, considerado su aislamiento de cualquier tipo de civilización existente. La enigmática fortaleza de madera sin color estaba rodeada por un extenso bosque pero cuyas cercanías eran dominadas con un campo verde la cual hacia destacar un camino despejado que se dirigía directamente hacia la entrada, como si todos y nadie fueran bienvenidos al mismo tiempo. 

Una mujer salía de entre la oscuridad a través de los árboles, con bolsa en mano y un cuchillo lleno de sangre sostenida con su boca. Caminó lentamente con sus pies desnudos mientras aplastaba el pasto a un lado del camino carente de verde. Cuando comenzó a moverse por tal sendero hasta llegar a las escalinatas de la cabaña, escuchó el sonido de un grillo y su característico sonido originado por la frotación de sus alas que le provocó un momento de tranquilidad. Abrió la puerta y luego la cerró por dentro. 

En plena negrura, ella dejó la bolsa y el cuchillo en el escritorio justo al lado de la entrada. Al encender la vela de la sala, que destilaba una luz opaca, miró el cuchillo y observó lo gris del arma y lo rojizo de la sangre que ya empezaba a secarse. Se miró en el espejo colgado de una pared y lo único que observaba eran únicamente tres colores: Blanco, negro y gris, mezclándose caóticamente este último con sus compañeros. 

Volvió a mirar al espejo y esta vez su atención no estaba fija en sí misma sino en la mano gigante, flotante, cercenada y carente de espectros coloridos que apuntaba con miedo a un ropero multicolor de una esquina del lugar. La mujer suspiró, se sentó en la silla del escritorio del aposento, puso su codo sobre el mueble, acercó su mano a su mejilla, inclinó la cabeza y tomó una postura de aburrimiento. Su mirada se quedó completamente puesta sobre la extraordinaria cosa y así se quedó por cinco minutos hasta que dijo: 

-Ese armatoste que obviamente le pertenece al universo de allá fuera, ¿Todavía sigues esperando a que algo en su interior ocurra? 

La enorme mano se movió y levantó el pulgar en señal de afirmación. Luego regresó a seguir señalando a su objetivo, esta vez con más fuerza que antes pero ahora teniendo temblores. La mujer volvió a tomar la palabra: 

-Hoy maté a tres conejos, fue lo único que encontré. Me los voy a comer en un momento. La cacería es buena en tiempos de holgazanería, tú sabes, además, me gusta la carne cruda. Hemos estado en este mundo por quien sabe cuánto tiempo y sé que si voy a una ciudad… bueno, digamos que todo y todos harán bum, así nada más. Como te dije, tenemos que volver a nuestro universo antes de que algún mortal en su precioso paraíso de concreto salga lastimado. Pero no podremos volver a nuestro hogar si tú no dejas de señalar ese cacharro forrado de colores de todo tipo. 

La mano procedió otra vez a moverse y agitó su dedo índice de un lado a otro significando un “no” como respuesta. Inmediatamente después siguió con su rutina. La mujer, fastidiada, cogió la bolsa y el cuchillo, se dirigió a la mesa de la sala, sacó los cadáveres de los conejos de la bolsa y comenzó a cortarlos en trocitos que iba tragando sin masticar uno a uno. 

Mientras el cuchillo en gris cortaba el pelaje amarillento cubierto por manchas marrones de la sangre seca, la sangre fresca y muy rojiza que aún quedaba dentro de sus cuerpos lentamente se desparramaba por la mesa, la cual estaba en blanco y negro. 

La mano flotante se agitó violentamente cuando, con sus dedos, golpeaba la pared para llamar la atención de su dueña. Ella observó el ropero y vio crecer desde adentro unas raíces purpuras que rodeaban y parecían estrangular al mueble. La mujer simplemente levantó una ceja expresando su sarcasmo y le preguntó a su acompañante: 

-¿Ya estás mejor? 

Como un cachorro aterrorizado, la mano gigante logró levantar el pulgar, a lo que ella respondió satisfactoriamente: 

-Bien. Por fin. 

Se acercó a la mano, le dio unas palmaditas para calmarlo, luego se dirigió al ropero enraizado, lo sujetó, lo levantó con su mano derecha como si nada de su posición, abrió la puerta de la cabaña usando nuevamente su mano derecha mientras levantaba el mueble con su brazo izquierdo y luego la arrojó con fiereza, lo que provocó que algunos árboles a lo lejos fueran derribados. 

La mano y su dueña observaron al contenedor de muchos colores cuyas raíces comenzaron a crecer una vez más, esta vez no sólo enterrándose en la tierra sino haciendo crecer un enorme tronco que comenzaba a tragarse a su huésped de madera. El tronco siguió creciendo hasta hacer saltar nuevas raíces que, púrpuras como su origen, hacían nacer flores de su color madre. 

La mujer puso una expresión de ofensa, dirigió su mirada a la mano y le dijo molesta: 

-¿A eso era lo que tenías miedo? ¿Un apamate? Hazme el maldito favor. Y deberías saber que los nombres de los árboles no cambian, incluso en nuestro universo de origen. 

La mano comenzó a hacer rápidamente sus señales: La levantó primero de espaldas ocultando el pulgar y el dedo meñique en la palma; torció los dedos hacia la palma formando una media garra y desplegando su pulgar; hizo un puño pero sacó los dedos índice y medio y los torció entre ambos; señaló con su dedo índice hacia arriba mientras el resto los unía con el pulgar; unía el dedo índice y pulgar en círculo dejando a los demás sueltos; apuntaba al suelo con el dedo índice y medio en forma de V invertida dejando a los otros dedos cerrados como puño incompleto; hacia la forma de un puño pero sacaba levemente el pulgar hacia la superficie; mismo proceso que el de la V invertida pero esta vez usando los dedos índice, medio y anular; terminaba haciendo el proceso de la garra de nuevo. 

-De acuerdo, te perdono, pero la próxima vez, no estés recogiendo semillas que no te pertenecen cuando salgamos fuera en universos de los que no somos parte. La sangre que cae de tu interior desorganiza el orden natural de las cosas y éste es un caso. Seguramente habrá goteado algo de tu muñeca vendada en la semilla y lo pusiste dentro del ropero que, casualmente, tenía que materializarse dentro de esta cabaña que expulsaste de nuestro universo. 

Ella cerró la puerta de la cabaña y, diciendo unas palabras incomprensibles para el sistema fonético humano, la cabaña desapareció en un destello, lo cual dejó en su lugar una cantidad inexacta de madera y piedra aplanada en el suelo: La cabaña original. 

Unas pocas horas después, la mujer y la mano emergieron al mismo bosque y al mismo campo con pasto; todo estaba en blanco, negro y gris. 

-Hogar, dulce hogar. Oh, mira, ahí está la motosierra que usaba de niña para cortar árboles y con la cual me corté accidentalmente la mano izquierda y tú naciste. Esta cuestión del multiverso me agota, ¿A ti no?

sábado, 1 de junio de 2013

El mundo que no es

Sentado en la terraza del edificio que antiguamente albergaba al Hotel Alameda, ahora convertido en una fábrica de ensamblaje robótico, esperé unos minutos a que mi androide asistente trajera mi taza de té con manzanilla. Con ella en la mano, me levanté, puse mis codos en el barandal y me quedé mirando el escenario que tengo frente a mis ojos. 

El bullicio de gente apretándose los unos a los otros en, afortunadamente, la aún llamada Avenida Madero me causaba una cierta sensación de claustrofobia pero las directrices implantadas en mi corteza cerebral se hacían cargo de que tal cosa fuera eliminada inmediatamente y eso ya lucía normal. No sé adónde se dirigirán todos esos hombres y mujeres pero estoy seguro que todo se trata de algo económico. Quizás habrán de empeñar cosas, humanoides metálicos, objetos personales, órganos, ellos mismos, yo que sé. 

Veo la catedral, o lo queda de ella, y observo una fila de necesitados entrando a su interior. Todos ellos tienen injertos cibernéticos en alguna parte de su carne y hueso y seguramente han de buscar el medicamento que tanto necesitan para regular su ser. Yo no los necesito, de hecho, los implantes que tengo extrañamente los rechazan. Es como si lo que ya no es humano de mí hubieran aceptado mis células orgánicas como un todo armónico y coexistente. Y es aquí cuando me preguntó, ¿Habrá otros que no necesitan de ese… fármaco? No es que me sienta con suerte, es sólo que me siento decepcionado de que esto me ocurra. A estas alturas ya he vaciado el contenido de la taza. 

Una nueva directriz en mi cerebro me obliga a abandonar ese pensamiento y lo remplaza con algo más relajado según mis gustos personales. Abro un bolsillo del pantalón, y saco lo que hay dentro: es una memoria USB. La conecto en un puerto que tengo instalado en mi nuca y, como una computadora, le ordeno a mi cerebro que desactive esa función. La desconecto y me siento satisfecho de haberlo hecho. 

Mi androide asistente se dirige a mí y me dice: 

-¿Gusta otra taza de té con manzanilla, señor? 

Volteo, miro directamente a los ojos artificiales de la lata de metal que igualmente tiene postrada su mirada en mí. Le digo: 

-No, gracias. Voy a ir a dar una vuelta. Manda una orden a los trabajadores que saldrán temprano hoy. 
-Afirmativo –Dijo el androide mientras daba una media vuelta y se retiraba a cumplir dicha orden. 

El reglamento de seguridad de la fábrica decía que si alguien importante relacionado con la empresa salía del sitio, tenía que estar acompañado por custodios, que no son más que robots de 3 metros de altura. No me importa si tienen teletransportadores dentro donde personas como yo pueden trasladarse a donde se les pegue su regalada gana, yo quería adentrarme en la jungla de concreto y circuitos para despejar mi mente un rato. 

Mientras las grandotas bestias de metal me abrían paso por la multitud, que, por cierto, me miraban con asombro, yo simplemente miraba los edificios que tenía a mi izquierda, los popularmente llamados Portales. Todos los locales estaban cerrados, había restos de vehículos oxidados arrumbados a mí alrededor, una mujer que carecía de toda su cintura para abajo y se paraba con los brazos para caminar mientras dejaba colgado y zarandeaba su columna vertebral hecha de metal, un hombre con el rostro desfigurado que gritaba ceros y unos, y en general, a todos los que veía andaban vestidos con andrajos. 

Di un rápido vistazo a mi derecha donde alcancé a ver en el derruido quisco del otrora lugar conocida como Plaza de Armas un grupo de músicos tocando con sus liras una melodía, que pude comprobar con mi oído artificialmente aumentado, de tono deprimente. Mis ojos biónicos me informaron que ellos probablemente eran los únicos individuos que no tenían algún tipo de parte robótica en sus cuerpos, eran humanos puros. 

Me abrumé y me quedé pensando en eso por un rato hasta que me di cuenta que había llegado a una iglesia, un templo al que alguna vez se le refirió como “de las Monjas”. El edificio, arruinado en su fachada, está en su interior forrado con la más fina y alta tecnología de punta por su especialización en el campo de la criogenia, en otras palabras, la conservación de seres humanos para preservarlos por lustros, décadas, incluso siglos. 

Me identifiqué con los guardias de un ejército de seguridad demasiado disciplinado para acceder al lugar y me dejaron pasar sin problemas, a los robots no pero aunque ellos insistían en seguirme, decidí desactivarlos a ambos. El pensamiento de los músicos seguía triturando mi mente y el mero hecho de haber visto humanos me impactó tanto que, inconscientemente, quería ver aún más humanos… quería volverme a sentir como uno. Que horrible pensar que uno ha perdido su humanidad y ser más cosa que algo viviente, ¿Ha esto han llegado las cosas? ¿Ha esto han llegado los desesperados intentos de los científicos para alcanzar la miserable inmortalidad? Fue en este punto que me alegraba haber desactivado los movimientos cerebrales, esos traidores me habrían obligado a cambiar de opinión aquí y ahora. 

Pedí acceso para ver la colección que tenían de los humanos congelados. Caminé por un pasillo y los vi, en su gloria, sin ningún pedazo sintético envenenando sus figuras. Noté que respiraban, noté que estaban vivos, escuché los sonidos de alarma que comenzaron súbitamente a sonar mientras derramaba unas cuantas lágrimas ante la hermosura que había visto. 

Salí y me dijeron que mis trabajadores habían conseguido armas y habían venido por mí. Se hizo la revolución obrera y a mí no me importaba. Ya no más, ya estoy feliz de haber visto lo que vi. Ya podía conocer mi final en tranquilidad. 

Uno de los científicos se acercó y me dijo, con voz nerviosa: 

-Temo que tendrá que abandonar este edificio, señor. Es por el bienestar de la raza humana. Usted es más robot que humano, debe entenderlo. Lo siento. 
-No, ustedes hacen bien. Valladolid, antes Morelia, fue el comienzo y me disculpo por haber ayudado en matar al mundo con nuestras porquerías metálicas, ustedes serán la luz. Enorgullezcan a la madre Gea… resucítenla… y a lo que respire sin alteraciones. 

Me acerqué a la salida y lo primero que pude notar fue que se había despegado el edificio de la tierra y a mis espaldas, una voz femenina proveniente de los altavoces pronunciaba un conteo para un inminente salto de teletransportación. 

Me dejé caer y mi cabeza golpeó con el pavimento. Sentí que mi cuello se rompía pero no sentía dolor. Aun así, me quedé ahí tirado mientras la turba de enfurecidos trabajadores me atacaban con lo que tenían a la mano. Me cortaban con sus hachas y motosierras, me prendían fuego, encontraban los lugares que aún tenía de humano y me hacían sangrar. No me importaba, ya nada me importaba. Yo solamente sonreía mientras lograba observar como el antiguo templo de las Monjas, el inesperado centro de supervivencia humana, desaparecía en un resplandor lumínico que indicaba que ya se han trasladado a kilómetros de aquí. 

Un cuchillo atravesó mi ojo izquierdo, uno más hacia mi ojo derecho que me dejó ciego. Un tercero encajándose en mi frente… y después… después hubo paz.

viernes, 31 de mayo de 2013

El Mercenario Redimido

El viaje había sido largo, cansado y frustrante pero por fin me hallaba en los rincones profundos de la tranquilidad mientras me cobijaba en una paz inusual al observar a través del pequeño vitral de esta capsula espacial mi planeta natal. Mi mente divagaba en fragmentos de una agenda mental que había preparado al momento de llegar a casa, tenía tantas cosas en la cabeza que no me decidía por realizar una. Sin embargo, sabía que mi prioridad por ahora seria llegar a mi hogar donde él estaría esperando. 

Y fue a partir de ese preciso momento cuando mi mente comenzó a llenarse de recuerdos sobre el sujeto que me estaría esperando en mi casa. El tipo no es como los otros típicos individuos que simplemente van por su contrato y se van sin decir palabra alguna a su benefactor. No, él primero pregunta si el contrato es confiable y luego se retira con su mente sin remordimiento de culpa. El siempre quiere estar seguro de que lo que lo que está en esos mugrosos papeles es correcto, sino… bueno, cosas muy negativas suelen ocurrir.

Nuestro trabajo es muy delicado y por supuesto que conseguir contratos alrededor de la galaxia es… complicado. Algunos de los benefactores que hemos conocido nos respetan e incluso, nos aumentan el sueldo de nuestra labor si logramos superar las misiones encomendadas con tal éxito que todo aquel que lo haya intentado en el pasado se muera de vergüenza y jamás quisiera tener presencia física sobre el lugar hasta el fin de los tiempos. Pero hay de otros benefactores que simplemente ya ni nos quieren ver, se petrifican de miedo con tan solo vernos y solo nos gritan y nos restriegan la puerta en nuestras narices. A esos ingratos no los puedo culpar, a veces hay situaciones que se ponen fuera de control y tenemos que… tomar medidas extremas, casi intolerables. Pero al final del día, recibimos nuestra paga y eso, eso es lo mejor que nos puede pasar en nuestra labor. 

Mi compañero me ha dicho una y otra vez sobre mi problema con el dinero, dice que soy un tacaño malagradecido, que solamente estoy trabajando exclusivamente con él para hacer de las misiones más fáciles y tener un aumento más rápido y efectivo. Quizá mi situación sea un hecho pero, ¿Qué acaso no soy yo el que tiene que controlar sus inesperados ataques de ira para que no mate a alguien en el proceso? Queramos o no, tenemos un vínculo de camaradería muy envidiable entre los otros sujetos que también están metidos hasta la médula con cualquier trabajo con el que sean asignados. Después de todo, si algo que los de nuestro campo obtenemos es estrés, fatiga, cansancio, desesperación y ganas de que todo el pandemonio se termine al instante por lo duro que pueden ser algunas misiones. Es por eso que estas operaciones no son para todos y como nosotros, que tan acostumbrados estamos a realizar trabajos a cargo de cualquier sujeto adinerado que nos encontremos por ahí, que solicite nuestros servicios para realizar tareas incluso hasta los lados más oscuros de este efímero cuerpo cósmico y que nos dé al final del día el sueldo necesario para vivir otro mes más… eso ya es algo. 

Finalmente penetré la atmósfera del planeta, fue una movida turbulenta pero apenas lo sentí sabiendo que para cuando ya lo había hecho ya estaba observando los tejados de los edificios que estaban en la superficie. La ciudad entera estaba siendo golpeada delicadamente por las miles de millones de gotas de agua que caían del cielo bajo la oculta mirada de una noche cautivadora. Aterricé sobre el tejado de mi casa y lentamente descendí de la capsula espacial por unas escalerillas que se desplegaban enfrente de la entrada principal. Detrás de mi escuchaba el sonido de las escalerillas compactándose y ocultándose en su abertura bajo la puerta, la cual se comenzaba a cerrar. Seguido de esto y para evitar la mirada de los vecinos chismosos que quisieran curiosear por las ventanas cercanas, sujeté la capsula con ambos brazos y haciendo un tremendo esfuerzo, lo arrojé hacia el otro lado de la ciudad. Después de eso caminé hacia la puerta del tejado cruzando los charcos que se habían formado en el suelo mientras las gotas se estrellaban y explotaban moderadamente sobre mi cabeza y mis hombros. 

Descendí cuidadosamente por las escaleras tras atravesar la puerta mientras mis ojos se ajustaban poco a poco a la penetrante oscuridad de la habitación. A lo lejos noté, bajo una segunda puerta, el brillo de luz que se filtraba por ahí, a la vez de iluminar levemente el claustrofóbico pasillo que rodeaba la puerta. 

Sabía que debía dirigirme hacia esa puerta pero algo me detuvo al momento de dirigirme hacia allá. Sentí un dolor menor pero irritante en mi frente lo que me obligo a encender la luz de la habitación para mirar en el espejo más cercano que encontré, la herida que anteriormente había sido suturada. Sanar la herida fue un trabajo sencillo dado que a 4 centímetros a mi derecha estaba un regenerador celular, un delgado aparato cilíndrico cuyo material externo es similar al acero. Dejé pasar el cilindro por la herida y en un instante ya había desaparecido. Estaba listo para partir a la puerta luminosa no sin antes detenerme a observar brevemente en el mismo espejo mi rostro de reptil. 

Para cuando abrí la puerta, el ambiente había cambiado radicalmente. De haber estado en una habitación de concreto, me encontraba ahora en una enorme sala cuyas paredes, suelo y techo estaban forrados de metal. El fondo de esta sala tenía un aspecto congelante y no dudaba de dicho aspecto dado que mi compañero permanecía paciente a mi llegada. Mientras más cerca me aproximaba, también note la presencia de una segunda figura. Ella vestía el usual atuendo de un mercenario veterano: Pantalones andrajosos, un chaleco que parecía haber resistido por cuatro guerras consecutivas, una gabardina completamente sucia, unas botas negras mugrosas y llenas de polvo y algo que contrastaba con el resto, un curioso sombrero fino de copa alta. La diferencia entre ella, yo y mi compañero es que ella posee altos conocimientos en medicina. 

-Buenas noches doctora, ¿Cómo se encuentra el grandote? 
-Estará bien. Reconstruir sus miembros perdidos y las heridas de su torso fue la parte fácil. La parte difícil fue tratar de regenerar su rostro. Tuve que… improvisar esto último. –Respondió mientras examinaba una tomografía del cráneo de mi compañero. 

Me acerqué a la enorme capsula en la cual Uvzoel, mi compañero, reposaba. Observé su rostro momentáneamente y lo que vi fue algo perturbador pero también satisfactorio. A decir verdad, la doctora Tvawoa había hecho un buen trabajo en reconstruirle su cara, sin embargo, lo único de lo que él carecía era prácticamente la piel alrededor de la boca. 

-Tuve que realizar unas modificaciones para que su mandíbula funcionara en perfectas condiciones –Me decía con mucha tranquilidad-. Sustituí la carne maltrecha alrededor de su boca por injertos cibernéticos para sustituir las funciones del habla que corresponderían a sus labios, tuve que sacrificar la piel para que tal acción tuviera un resultado positivo. 

Para cuando lo dijo, ella comenzó a retirar las puertas de la capsula para notar el cambio tan radical a la que había sido expuesto Uvzoel para salvar su agonizante vida. Sus brazos eran ahora robóticos, al igual que toda su pierna derecha y una gran parte de su tórax. 

-Como te dije camarada –Me continúo diciendo-, hubo de partes fáciles a difíciles en la reconstrucción de tu amigo. Parte de su tórax perdido fue, de hecho, la parte más complicada de trabajar. No sabes cuánto tiempo me tomo buscar los injertos cibernéticos más optativos para que no tuvieran problemas a la hora de trabajar con los órganos internos que no habían sido dañados. 
-¿De cuánto daño estamos hablando? –Pregunté. 
-Uvzoel básicamente perdió de la parte baja de su cuerpo todo el intestino delgado, el intestino grueso, el páncreas, parte de su pulmón izquierdo y la mayoría de sus costillas. Aunque logre salvar el hígado y el estomago, el resto se perdió. 

Estaba escuchando con atención lo último que me estaba diciendo la doctora pero no nos percatamos cuando súbitamente, mi compañero se levantó pronunciando un rugido tenebroso. Era como si un leviatán despertara tras siglos encerrado en una jaula sin poder moverse más que escuchar todo lo que acontecía alrededor. 

Uvzoel se sacudió como un enloquecido animal, sujetándose la cabeza y gritando desenfrenadamente frases sin lógica alguna. No fue hasta que Tvawoa hizo caer a mi compañero al suelo tirándole un tubo de metal por los pies, yo rápidamente lo sujete por los brazos mientras se agitaba tremendamente. Entonces le grité para hacerlo entrar en razón: “¡Cálmate! ¡Cálmate de una buena vez!” 

Mis intentos de regresarlo en sí fracasaron pero unos pocos segundos después desvió mi mirada directamente a mis pupilas verticales. El se petrificó de inmediato y me reconoció al igual que a la doctora. Se levanto rápidamente con un leve escalofrió, un poco confundido y llevándose varias veces las manos a los ojos en señal de vergüenza. 

-Lamento todo esto –Decía Uvzoel yaciendo recargado en una silla cercana-, yo apenas puedo asimilar que no soy el de antes. 
-No te preocupes –Respondió Tvawoa-, es normal que sucedan este tipo de casos con mis pacientes y tú no eres la excepción. De hecho, eres demasiado afortunado de no haber perecido en aquella explosión, cualquiera podría haber muerto con lo que te lanzaron, pero tú no. 
-Estoy… no se… apenas puedo recordar lo que sucedió en Tralya, solo sé que estábamos yo, mi camarada y tú cuando nos emboscaron esos malnacidos. De pronto, me cegó la ira y en mi desquiciado frenesí, creo que sentí varios objetos insólitos saltándome en la cara. Y fue ahí cuando sentí la explosión. ¿Por qué algo me dice que fracasamos al cumplir esa misión? 
-De hecho camarada –Tomé la palabra-, la misión fue un éxito… hasta cierto punto, claro está. Fuiste el más dañado, de eso no hay duda y tuve que decirle a Tvawoa que se fuera contigo para que pudiera curarte aquí. Y es más, si se te apetece, puedo refrescarte la memoria para ponerte al tanto de lo que sucedió exactamente allá. 

Uvzoel asintió.

Hace no mucho que sucedió. Luego de cumplir con sorprendente éxito una misión acerca de sabotear una estación minera de un empresario corrupto en el planeta Ermlhann, nuestro financiador en turno, Leb’gha, nos encargó una nueva misión para poder obtener las ganancias finales de nuestro trabajo. Esta misión, que complementaba con la anterior, estaba calificada como “casi imposible”, un suicidio de hecho. Honestamente, ese tipo de etiquetas poco nos importan ya que una vez incluso cazamos a un delincuente elemental por la superficie del Sol… dudaba mucho que lográsemos fracasar en esta labor. Pero pronto me di cuenta que no todo es lo que aparenta dado que este trabajo iba a retar nuestras habilidades como mercenarios en mucho tiempo y mi compañero pagaría el precio de cuan complicado se tornó todo el asunto. 

Leb’gha nos envió al planeta Tralya para destruir un laboratorio donde se fabricaban armas que tenían mucho que ver con la desintegración celular. Dado que fuimos totalmente responsables del colapso del sistema minero en Ermlhann, la compañía clandestina que se dedicaba a esas acciones no solo se tuvo que conformar con los minerales que aún tenía en su poder para producir una fabricación en masa de armas biológicas sino que también, nos señaló como aquellos objetivos que tendrían que ser eliminados no importando lo que suceda alrededor. 

Nuestro contacto fue obviamente Tvawoa al momento de llegar a aquel mundo señalado por nuestro financiador. La doctora nos había dicho que se había infiltrado en la compañía minera, ya de por sí moribunda en ese momento, para investigar los actos inusuales y exageradamente ortodoxos que se realizaban en aquel lugar. El ejército al mando de la compañía había obligado a los habitantes cercanos a sus cuarteles generales a trabajar como esclavos en la producción de las armas. Tvawoa ayudaba en cualquier momento en lo que se podía sin alertar a la seguridad del edificio a las pobres almas fatigadas de tanto trabajo al que eran expuestos. Con la documentación que obtuvo de la zona, escapó no sin antes de hacer volar en pedazos el bunker militar donde se alojaban los soldados leales a la compañía. 

La realidad era que no sólo la compañía quería ver muerta a la doctora sino también a mí y a Uvzoel por lo que hicimos con su sistema minero. En fin, gracias a la información recabada por Tvawoa, nos dirigimos los tres sigilosamente hacia los cuarteles generales y de ahí a colocar explosivos en el laboratorio y en los cimientos del edificio para derrumbar todo al mismo tiempo. También nos aseguramos de dejar fuera de combate a cualquier curioso que osase alertar a los otros y liberar a cuanto esclavo veíamos. Por si no fuera poco, también colocamos un explosivo especial dentro del pequeño complejo dedicado a la fabricación de armas biológicas; para cuando el explosivo detonase, un reacción en cadena dentro de su estructura absorbería todo dentro de su ser para expulsarla en otra dimensión y que allá las armas se pudrieran sin tener efecto alguno en el espacio… ese explosivo especial era básicamente un micro agujero negro. 

Hicimos todo de acuerdo al plan, ocultando los explosivos en lugares que ni los propios empleados corruptos de la compañía ni los soldados descubrirían. Para ese momento, la cantidad de esclavos era prácticamente nula y por lógicas razones, nosotros ya estábamos en la mira de los cuerpos de seguridad. Sin perder tiempo, hicimos detonar el primer cuerpo de explosivos que consumió el laboratorio dejándolo en la completa ruina, en otras palabras, era precisamente ahí donde los últimos minerales extraídos de Ermlhann reposaban. 

Con esa acción acabábamos de poner los primeros clavos a la tumba de la compañía pero aún faltaba hacer colapsar el edificio, destruir la fábrica de armas y de paso, tirarle por completo el negocio a Qalgk, el empresario corrupto a cargo del sistema minero que colapsamos y que aparte, fungía como el presidente ejecutivo de la compañía. Tvawoa y Uvzoel se hicieron cargo de borrar del mapa a muchos de nuestros perseguidores, la mayoría de ellos androides. Yo, mientras tanto, me dirigía a la oficina de Qalgk a hacerme cargo de él. 

Mis compañeros me informaban sobre sus progresos de dejar limpio el edificio antes de destruirlo todo. Sin demorarlo más, hice detonar el explosivo especial que coloqué en la fábrica de armas y en un abrir y cerrar de ojos, ya se había literalmente tragado todo dejando un fantasmal aspecto del sitio y un silencio extraño pero satisfactorio. Luego de que Uvzoel me confirmó el exterminio de la fábrica, embestí agresivamente la puerta de la oficina y lo primero que note fue un altar dedicado a una extraña mascara que parecía como si hubiera sido piel removida de la cabeza de alguien. 

Junto al altar estaba orando un misterioso individuo con un demacrado aspecto por la túnica purpura y mal cuidada que vestía. Observé que mientras tranquilamente decía sus incomprensibles cánticos religiosos, éste sostenía con más y mas fuerza el extraño octágono oscuro tridimensional que poseía entre sus manos. De repente dejó de orar y dirigió su mirada hacia la mía, al mismo tiempo de que yo abría de par en par mis ojos para observar con detalle su rostro. No tarde mucho en darme cuenta que la máscara a la cual le estaba rindiendo tributo era su propia cara, los rasgos faciales de Qalgk mismo.

-¿Quieres matarme? –Comenzó a hablar con su perturbadora y delicada voz.- Adelante… hazlo. Recuerda que si te atreves a hacerlo, condenarás a este mundo al mismo destino. Mi industria podrá haber muerto pero no la abandonaré, no mientras tenga esto en mi haber. 

Volví a observar su octágono tridimensional y con horror descubrí que se trataba de un “Aniquilador de mundos”. El enloquecido empresario estaba hablando en serio: Quería suicidarse y llevarse todo el planeta consigo. Sin titubear mas, Qalgk activó el artefacto y empezó a reír como un histérico enfermo. 

Inmediatamente me alejé lo más que pude de esa habitación al tiempo de intentar contactar a mis compañeros… fue inútil, nadie contestó a mi llamado. Debido a eso, tuve que regresar al punto en donde los vi por última vez pero solo pude localizar a Tvawoa en un pasillo bastante ancho combatiendo a un leviatán mecánico. Juntos lo derribamos, no sin antes de que el gran robot me tumbara al suelo luego del fuerte mazazo que me propino en la cabeza.

Yo estaba debilitado, con un poco de sangre escurriéndome de la frente, pero la doctora me ayudó a incorporarme y a curarme tras suturar la herida mientras le informaba al tanto de la situación. Mi breve discurso sobre la situación actual sorprendió a mi colega en turno, eso era indiscutible. 

-Qalgk será recordado como un loco desquiciado ahora que ha condenado al mundo entero –Opinaba Tvawoa. 
-Me lo imagine –Respondí con cautela-. En fin, ¿Qué hay de Uvzoel? 
-Unos soldados nos emboscaron con todo y el leviatán que acabábamos de destruir. Apenas logré huir pero a él lo capturaron, es evidente que planean ejecutarlo. 
-Entonces no sólo tenemos que salvar su pellejo sino también a todos los habitantes del planeta. Esto es uno de esos días, ¿No es así?

Fuimos al campo de entrenamiento donde pensé que podrían estar los soldados y mi compañero. Ahí estaban cabalmente. Sin dudarlo ni por un momento, nos abrimos paso por la única resistencia que este edificio podría ofrecer, eliminando a cuanto androide osara plantarse delante de nuestra mirada. Reincorporé a Uvzoel tan pronto como demolí a su custodio pero no me di cuenta de cuan enojado estaba en ese momento. Como una bestia desencadenada, entro en una juerga de destrucción, despedazando a cuanto androide tuviera enfrente. Su respiración era muy fuerte, desesperada y nada normal, pudo habernos matado a nosotros mismos ahí mismo… si no fuera porque uno de los androides cargaba con una de esas armas desintegradoras de células en su interior. 

El efecto bélico del arma vaporizo los brazos, el rostro, la pierna izquierda y parte del tórax de mi compañero en un instante. Yo estaba ciertamente abrumado y al mismo tiempo aterrado de su condición.

-¡Camarada! –Grité, tratando intensamente de que le salvaran la vida. -¿Lo puedes…? 
-Claro –Me interrumpió fugazmente Tvawoa mientras utilizaba un dispositivo para congelar el cuerpo de Uvzoel-. Entiendes que estamos en una encrucijada: Es tu compañero o el mundo entero. 
-Entonces pueden hacerlo, ¡Váyanse de aquí! ¡Ahora! No me preguntes como le haré, ustedes prosigan que se nos acaba el tiempo. 

Esa última frase la entendió perfectamente la doctora. Observé como al instante, ella empezó a correr cargando con el cuerpo de Uvzoel hacia nuestra nave espacial mientras yo me puse a pensar en un plan y en uno muy rápido o no habría planeta alguno en donde posar mis carnosas patas verdes. 

Visualicé a lo lejos una de esas naves espaciales colosales que los pocos soldados sobrevivientes planeaban usar como medio de escape. Llegué a tiempo, deshaciéndome de los estorbos en el proceso. 

Al tomar el control de la nave, pensé rápidamente en la forma de sacar a todos los tralyanos a tiempo. Fue ahí cuando recordé un enorme panel de teletransportación cercano al edificio que podía ser usado para transportar grandes multitudes y enviarlas a otros lugares lejanos. Me cercioré de que la nave contara con un dispositivo de teletransportación similar y para mi fortuna era justamente el que yo necesitaba: La cámara de almacenaje de esta enorme nave podía albergar fácilmente a 3 millones de individuos, increíble pero cierto. De todos modos me iba a sobrar espacio dado que los últimos reportes sobre los habitantes del planeta confirman que solo quedaban 2, 467, 891 con vida. 

Uniendo esmeradamente los dispositivos del altavoz y el sensor telepático que me proveía la nave, pude contactar a todos y cada uno de los tralyanos y los hice reunir al panel cuyo alrededor era un desastre total por el inminente colapso del planeta. No podía creerlo al principio pero todos respondieron a mi alerta, venían por multitudes de cada rincón y se acercaban cada vez más y más al panel. Uno a uno comenzaron a adentrarse en la nave y solo tenía que esperar a que los últimos setenta ingresaran al fin.

Una vez que el último de ellos accedió, exhalé y respiré tranquilamente sabiendo que había cumplido con la misión, claro que al más obvio y alto costo: Tralya no existiría más y eso es una lamentable pérdida para el universo. 

Mientras me alejaba del desgarrado planeta, el edificio que solía pertenecer a Qalgk yacía en ruinas… incluso él, que aún seguía vivo, seguía riendo psicóticamente mientras todo a su alrededor se resquebrajaba a pedazos. A él ya no le importaba nada, se recostó en el suelo al mismo tiempo de que una ruptura se abría en la tierra, al final solo se podían escuchar sus débiles ecos retorcidos mientras las fisuras del planeta lo devoraban. 

Me alejé del moribundo Tralya y no pasó mucho antes de que pudiera apreciar la explosión del planeta dejando una constelación brillosa en el vacío cosmos de esta negrura infinita. 

Dirigí el curso de la nave hacia un planeta adecuado para habitar de nombre Osatry. Me contacté con los representantes del planeta y ellos me dijeron que no me preocupara, que se encargarían de darles la bienvenida con todos los honores a los supervivientes de Tralya. Antes de partir, les obsequié la nave colosal a los osatryanos para contribuir a la supervivencia de la raza que había salvado no sin antes descargar una capsula espacial de dicha nave para regresar a casa.

Con la historia explicada, Uvzoel olvidó de inmediato mi tacañería… aunque no me preocupaba, creo que yo también ya estaba olvidando mi avaricia. Mi compañero y Tvawoa fueron a mí y me estrecharon la mano por el buen trabajo que había hecho al haber ayudado a esos pobres tralyanos que tantas injusticias habían sufrido. 

El relato de esta historia prácticamente había devorado mucho tiempo de la noche y para ese entonces ya era de día. Podía observar por un filtro del techo, la luz del sol que se vislumbraba poco a poco por el lugar. Me le quedé viendo y no me di cuenta de que alguien estaba llamando a la puerta. Mis colegas me acompañaron y al abrir la puerta descubrí que era nada más y nada menos que nuestro financiador Leb’gha. 

-Camarada -Comencé a explicarle mis cuitas-, perdón por haber fracasado en la misión, te destruí un planeta entero y tú solo querías ver colapsado la compañía de Qalgk. 
-No te preocupes por eso –Respondió Leb’gha con una feliz mueca en su rostro–. Seguí de cerca el caso y aunque es triste lo que paso allá, es cierto que ahora el corrupto legado de Qalgk ya no existe. Y mira nada más, creaste la más perfecta hermandad de camaradería entre tralyanos y osatrynos. Ahora dime, ¿Quieres el dinero? 

Me dijo mientras observaba el maletín que cargaba consigo. 

-No, quédatelo, ya me canse de mi tacañería, quiero renunciar a ello. Puedes darle el dinero a la hermandad que acaba de nacer. 

Voltee pensando que Tvawoa y Uvzoel estaban molestos por mi decisión, pero no, era todo lo opuesto. Estaban aún más complacidos de mi por no haber aceptado el dinero y creo que eso me hizo sentir feliz al fin… por primera vez lo sentía y era muy raro experimentarlo pero lo podía sentir y me sentía profundamente orgulloso de mí mismo.

-Y bien, ¿Quieres desayunar algo Leb’gha? –Pregunté. 
-Lo que sea está bien Valrac, no vieras que hambre tan grande tengo ahorita mi estimado.

domingo, 5 de mayo de 2013

¿Qué es el Olvido?


Un "no-ser" con abrumadora complexión. Un todo y nada que pertenece simbióticamente al universo. Un cáncer vacío, benéfico y maligno al mismo tiempo. Una antítesis de la existencia y una fuerza en conflicto con la dualidad del caos y el orden (emblemas del equilibrio al presentarse ambos en un solo lugar) por su relación con el origen del universo, como un triunvirato que desencadena su naturaleza lógica e ilógica.

La ironía de que el Olvido pertenece a un plano que existe es de destacar, pero, aún así, no deja que sus influencias se manifiesten en las probabilidades del tiempo y en sus ramificaciones infinitas.

sábado, 27 de abril de 2013

Los Observadores

♀ Muy bien, hemos localizado a nuestros objetivos y parece que están preparando su acto.
♂ Uno muy inusual, he de decir.
♀ Todos los casos siempre han sido inusuales.
♂ Según el punto de vista de toda esa gente civilizada.
♀ Creo que la raza humana estaría mejor si vivieran todos como en la antigua Grecia.
♂ Supongo que te referirás a las libertades del ser humano, ¿No es así?
♀ Sin las restricciones obvias que ahí se daban.
♂ Mejor aún, creo que la raza humana tendría condiciones de libertad superiores si vivieran durante el tiempo de los Australopithecus.
♀ Pero eso conllevaría a que se eliminase a los antiguos humanos y se les reemplazara con los humanos de hoy.
♂ Una paradoja del tiempo.
♀ Correcto, pero al menos los humanos aprenderían a vivir sin todo lo que tienen.
♂ Serán uno con la naturaleza.
♀ Brillante idea.
♂ En fin, los objetivos están empezando a despojarse de sus escudos en estos momentos.
♀ La metaforización sirve excelentemente para este tipo de casos.
♂ No lo dudo, después de todo, hacen esto por, quizás razones existencialistas.
♀ Creí que era por razones naturalistas.
♂ Y ahora yo creo que son razones capitalistas.
♀ Es un círculo vicioso y al mismo tiempo, caótico.
♂ Pero si las mitocondrias les dan esas condiciones, entonces es su derecho hacerlo.
♀ A fin de cuentas, necesitan el dinero para comer.
♂ O se mueren.
♀ Observa, ahora están caminando.
♂ Y están tomados de las manos.
♀ Olvídalo, ya no lo están, tacha eso.
♂ Ahí va la primera decepción. Probablemente la última.
♀ Pero es remplazado por los ojos curiosos de las personas que se alteran al paso del varón desnudo y de la hembra desnuda.
♂ ¿Opinión al respecto?
♀ Lo más seguro es que algunos están viejos y ven eso como una ofensa y un insulto.
♂ Bueno, si hubieran leído y visto más, estarían satisfechos con eso.
♀ Esta es una ciudad donde sus autoridades quieren que sus viejos y sus niños no sean traumatizados por escenas como estas. Quieren mantener sus mentes puras.
♂ El purismo es tan abstracto como el caos y el orden.
♀ Es bueno añadir caos de vez en cuando.
♂ ¿Y como considerarías esto?
♀ Arte.
♂ Bien dicho. Esto es arte urbano, como el grafiti.
♀ Pobres mentes humanas tan esclavizadas del sistema que no tolera esto.
♂ Pero hay cosas que nunca deberían tolerarse.
♀ Eso lo sé. Pero esto, esto es perfecto.
♂ Ciertamente.
♀ Los humanos se están sentando en medio del asfalto ahora.
♂ Y la multitud los ve, hipnotizados por ellos que están prácticamente a la intemperie.
♀ Algunos se cubren sus ojos.
♂ Lo que confirma el punto de vista anterior.
♀ Se están acercando a nosotros.
♂ Por supuesto.
♀ La gravedad hace un buen trabajo al poner presión sobre sus estructuras.
♂ Pero la simetría es lo que nos preocupa.
♀ Sí. Hay muchas líneas que provienen de su carne y hueso.
♂ Genial, y ahora nos atraviesan como si nada. Es la quincuagésima séptima vez que lo hacen.
♀ El camino es repetitivo pero el estudio visual es beneficioso.
♂ ¿Los seguimos?
♀ Deberíamos hacerlo.
♂ ¿Tiempo de describir?
♀ Sus Sartorios resaltan mucho.
♂ Al igual que sus Oblicuos.
♀ ¿Hay cambios en la simetría?
♂ Son constantes.
♀ Existe una enorme actividad en sus Esternocleidomastoideos.
♂ Y sus Trapecios.
♀ ¿Las costillas?
♂ Fijas y resaltadas junto a los Serratos.
♀ Mira, cuando se agachan, muestran sus Dorsales Anchos en todo su esplendor.
♂ Es un elemento raro.
♀ Eso es gracias a la buena salud que poseen.
♂ Vivirán a los 90 años.
♀ Si.
♂ ¿El resto del cuerpo?
♀ Sus Bíceps y Tríceps están en fascinantes condiciones.
♂ Envidiables Deltoides.
♀ Abrumadores Abductores.
♂ Equilibrados Piramidales
♀ Increíbles Gemelos.
♂ Maravillosos Rectos.
♀ Fantásticos Tibiales.
♂ Y no podemos olvidar la forma en como destacan sus Clavículas.
♀ Los Pectorales, no importando su forma, son interesantes.
♂ Los esféricos Gluteos.
♀ Y los Orbiculares comprimidos.
♂ Cuestiono la situación de como ninguno de los dos tiene vello púbico.
♀ ¿Conclusión?
♂ Apuesto por la estética de la belleza.
♀ Se les infectará si no hay protección.
♂ Vaya error.
♀ Pobres de sus genitales que tendrán que lidiar con ello.
♂ De acuerdo, pero cada quien a lo suyo.
♀ Y ahí van a ponerse sus escudos.
♂ Indudablemente.
♀ ¿Había mencionado alguna vez que esta forma de energía cósmica intangible que poseemos es excelente para hacer el trabajo?
♂ ¿Habías mencionado alguna vez que esa forma de energía cósmica intangible que poseemos debe ser excelente para hacer el trabajo?
♀ Eterna.
♂ E infinitamente.
♀ Miles de millones... 
♂ ...de humanos faltan por investigar.
♀ Y los procesos de inmortalización...
♂ ...y desarrollo neuronal intelectual estarán en marcha.
♀ Supervivencia...
♂ ...a toda costa.
♀♂ Hemos dicho, decimos y diremos.

domingo, 21 de abril de 2013

Relatos V

Redención Final

Eso ha vivido por siglos. La entidad siempre ha observado y registrado los eventos del mundo y las acciones de sus  habitantes... hasta que llegó aquel día donde todo empezó a estar mal.

Eso prefiere que le llamen Negro y en décadas recientes, la entidad ha supervisado las vidas de varias Elegidas desde el día de sus respectivos nacimientos. Vidas que evolucionaron en tragedias y es algo que ha decepcionado mucho a Eso.

Una diosa paranoica con poderes inestables es la causa de porque las vidas de las Elegidas son como son. Negro perfectamente entendió entonces la urgencia de la emergencia.

Una por una, Negro visitó a cada una de las Elegidas. Muchas escucharon atentamente lo que Eso tenía que decir, algunas estaban indecisas al respecto, otras simplemente atacaron con furia y violencia a la entidad.

Aparentemente imbatible, Negro ni siquiera fue tocado en cada uno de los combates por los que tuvo que pasar. Al final, todas las Elegidas que permanecían con dudas o que reaccionaron atacando comprendieron la gravedad de la situación y concordaron en hacer su parte.

Los sirvientes de la diosa fueron eliminados o dejados inconscientes en el asalto que Negro y las Elegidas organizaron directamente en el corazón de su territorio.

La diosa se atrevió a amenazar las vidas de las Elegidas con arruinarlas más de lo que ya estaban pero todo fue inútil: Una fuerza combinada vaporizó a la divinidad.

A lo que siguió después, las Elegidas y Negro observaron fijamente lo que quedó de la diosa: Un cráneo.

El cráneo súbitamente comenzó a hablar mientras destellaba un extraño resplandor blanquiazul. Al hablar mientras se dirigía flotando a Negro, reveló la verdad: Eso había aprisionado su propia alma dentro del cráneo.

Antes de ser la entidad inmortal que es, Negro había cometido demasiadas atrocidades y, para purgarse, decidió cometer un último acto: Asesinar a su psicótica y enloquecida madre y transferir su alma pecadora en lo que quedara de su ser. Sin saberlo, su madre había renacido secretamente años después como una constructora mística de diosas falsas por generaciones al hospedar su espíritu dentro de su cráneo junto con el alma corrompida de Eso.

Teniendo esto en mente, Negro usó la influencia que le quedaba sobre su alma y, como un efecto en cadena,  la detonó como una implosión, succionando el cráneo y el espíritu que la habitaba hasta el vació de la existencia.

Dado que la función de Negro no era actuar de ningún modo en las vidas de los mortales sino solamente observar y registrar, sabía que su lugar no era con ellos. Dado que por fin había conseguido la redención que tanto anhelaba, tenía una última cosa que hacer ante la gratitud de las Elegidas.

"No más vidas torturadas", fue lo último que dijo Negro antes de que las Elegidas aparecieran en un abrir y cerrar de ojos en lo que parecía ser una granja. Lo primero que sintieron fue que sus memorias ya no eran las mismas, tenían pensamientos satisfactorios de que habían vivido todo el tiempo vidas felices. No había ni un solo rastro de recuerdos trágicos.

Días después, en una zona desconocida, Negro escribía una crónica sobre como todas las Elegidas tenían fuertes lazos de amistad y que vivían en paz con sus seres queridos.

En una frase final, Negro mencionó un último secreto: "Me he deshecho de todo mal, incluido el mío. Pero la pregunta queda, ¿Qué soy yo? Soy todo y nada, aunque lo más mayoritario es ser un híbrido, porque estoy compuesto de todas las mujeres y hombres que maté en mi antigüedad. Les debo ese favor... y una eterna disculpa."

viernes, 12 de abril de 2013

La Transición

Somos muchos de nosotros aquí, eso es más que obvio. Tú eres uno de los más recientes miembros que se han incorporado a la magna empresa que a continuación te relataré y, por supuesto, es labor de los veteranos, como yo, darte la introducción hacia la historia de la que somos parte.

Quizá es buen momento de que me presente en primer lugar, luego me enfocaré en el resto de los detalles. Nací y viví toda mi vida mortal en el año de 1278 bajo el nombre de Eylem en un lugar otrora llamado “Constantinopla”. La verdad no puedo decir que mi antigua vida fuera tranquila considerando los efectos climáticos de las guerras que se venían dando en la época. De un sitio a otro estuve huyendo para salvar mi frágil carne y hueso, hasta que me topé con un soldado solitario que me confundió con su presa.

Estaría muerta ahora si no fuera por algo insólito que sucedió frente a mis ojos: El soldado estaba a punto de empalarme con su espada pero este se detuvo como si de repente le comenzara a doler el estómago. Su cuerpo entonces comenzó a inflarse imposiblemente hasta el punto de estallar revelando una figura humanoide femenina compuesta de luz pura en su lugar. Ella dijo que su nombre era Infinidad mientras me envolvía en su luz y pronto me vi aparecida en un lugar, en ese entonces, surrealista para mi propio entendimiento.

La sala en el que nos encontramos ahora fue el primer lugar que vi y lo primero que pregunté, en un tono de miedo, fue, ¿Por qué me trajeron a este sitio? Infinidad, con una voz relajada y casi divina, me explicó de inmediato que había sido elegida para formar parte de un grupo conocido como Los Eternos. ¿Por qué yo?, dije y ella respondió que yo cumplía con los estándares que Los Forasteros habían asignado para ciertos especímenes de la raza humana.

Noto que la confusión se apodera ahora de tu mente, no te preocupes, cuando terminemos, todo será lógico para ti. Levántate, es hora de que conozcas a Los Forasteros.

Antes de entrar a la sala donde se encuentran Los Forasteros, quiero que observes por la ventana de este corredor. Ese es el planeta Tierra, ¿Puedes ahora contemplar su increíble belleza? La naturaleza es algo indudablemente especial para este universo. Es desafortunado que solo unas pocas cosas de esta realidad lleguen a experimentarlo, pero el resultado vale mucho la pena.

Aquí están los cuatro seres que conforman a Los Forasteros: Cero, Híbrido, Infinidad y Eternidad. La primera entidad que te presentaré es Cero y eso es alguien único de su clase. Quiero que enfatices el hecho de que usé “eso” para describir su género porque no tiene ninguno, es un ser asexuado y su lenguaje está basado en sonidos musicales, y, por increíble que parezca, puedes entender fácilmente lo que dice sin necesidad de traducirlo. Su función principal es observar y registrar las probabilidades, del pasado, del presente y del futuro, que tiene cada ser vivo con un yo igual en apariencia pero diferente en acto en otro universo, en otras palabras, vigila el multiverso.

El siguiente es Híbrido, ¿Qué es lo que le notas de raro? Bueno, su primera mitad es masculina y su segunda mitad es femenina y no lo digo por ser algo combinado sino porque las dos mitades están literalmente pegadas. Su voz es, obviamente, mixta. Un consejo: no trates de hablar con esta entidad sobre anatomía porque dicha lógica no existe en él y ella. Su función principal es estar al tanto de la elección de Los Eternos: Quién es elegido y quién no puede ser elegido. Es una labor exhaustiva y necesita de tres mentes, las dos de Híbrido y la de Cero, trabajando como una sola para tomar las decisiones correctas.

A continuación te presentaré formalmente a Infinidad. Su más notable característica es la simbología de su ser intangible, el cual puede hacer cambiar hiperactivamente de blanco iluminado a negro oscuro, con sus inacabables variantes, o simplemente quedarse en un solo estado. Todo esto está siempre representado por un gran símbolo ∞ en su torso. Su conocimiento sobre todo y todos es ilimitado.

Finalmente tenemos a Eternidad. Su ser es el espacio mismo: Tú lo puedes ver y lo único que verás en él serán estrellas, planetas, soles, galaxias y otros cuerpos estelares. Probablemente entiendas que quizás él sea uno con el universo pero no es así exactamente. Él funge, además de otras especialidades, como un mapa viviente y omnipresente de todo lo que existe. Puede estar en todos los lugares y en ningún lugar a la vez. Algunas veces, él e Infinidad recogen personalmente a los que pertenecerán a Los Eternos pero  incluso estos últimos también se han dedicado a esa tarea, siempre bajo el ojo vigilante de Los Forasteros. El trabajo tiene que hacerse bien después de todo.

Ahora, pasemos a otro tema. ¿Quiénes son Los Eternos? Seres inteligentes, sin excepción, que han sido “cosechados”, como Los Forasteros lo suelen llamar, de sus lugares de origen alrededor del universo. Así es, no son solo humanos los que forman parte de las filas de este grupo.

Tras un increíblemente detallado proceso de investigación y elección por parte de Cero e Híbrido, miles o incluso millones de seres inteligentes son cosechados, traídos a sus cuarteles generales, examinados si son compatibles con sus estándares y aceptados para pasar a una fase siguiente que consistirá en el entrenamiento hasta lo extremo del cansancio del físico y la mente, esto con el fin de alcanzar una altitud suprema de nuestros seres. Al final del camino, somos dotados de un aumento a nuestras vidas, por ejemplo, yo tengo 700 años de edad y muchos Eternos por lo regular viven más allá de los 3000 años. Cuando fui cosechada por Infinidad y traída a sus cuarteles generales para convertirme, sin saberlo al principio, en una Eterna, pasé por todo lo que te he contado.

No te preocupes, las dos fases, aunque pudiesen escucharse complejas y duras, son en realidad las cosas más sencillas que en vida experimentarás. Será la transición más relajada que podrás tener.

¿Qué pasa cuando alguien no pasa de la primera fase? Los Forasteros se las ingenian para retorcer su ser, purgar lo que alguna vez había sido y convertirlo en alguien que su yo anterior nunca recordaría. Nadie ha sido rechazado gracias a esta técnica. No obstante, los problemas surgen de formas grotescas cuando nos sorprenden miembros de Los Creyentes de la Carne, infiltrados como cánceres en algunos seres ya no tan inteligentes.

Ahora que sabes todo lo anterior, es necesario pasar a este otro tema de gran importancia, ¿Quiénes son Los Creyentes de la Carne? Son nuestra antítesis y han hecho básicamente lo mismo que nosotros pero de forma contraria: Mientras nosotros alojamos a Los Eternos y los usamos para el bien del universo, ellos, al reclutar violentamente a sus víctimas sin misericordia, a veces teniéndoselas que comer en el proceso por el ansia del hambre, los sueltan por los mundos para que provoquen caos sin sentido. Algunos toman la forma exacta de sus habitantes y los hacen cometer actos irracionales, como aquel soldado que me atacó antes de pertenecer a Los Eternos, ¿Recuerdas? Él era un Creyente e Infinidad tuvo que tomar medidas drásticas para borrarlo de la existencia.

Mientras nosotros tenemos a nuestros Forasteros, los Creyentes tienen a sus Amos de la Carne. Los enlisto:

  • Antítesis de Cero: Un esqueleto que no tiene literalmente cabeza. Ejecutor y exterminador.
  • Antítesis de Híbrido: Dos cadáveres de varones y hembras cortados a la mitad, unidos con hilo quirúrgico para que el resultado fuera un obelisco viviente, un monstruo de cuatro piernas, cuatro brazos y dos mitades de torso y cabeza masculinos y femeninos. Esta bestia es una violadora extremista.
  • Antítesis de Infinidad: Una criatura con huesos fracturados por todas partes, con algunos órganos internos por fuera, y con su pútrida piel cayéndose lentamente. Posee dientes afiladísimos para morder la carne, arrancarla y devorarla, caníbal por excelencia.
  • Antítesis de Eternidad: Un ser que carece de piel y que deja expuesto sus músculos que sangran sin parar. Completo sadomasoquista.



Nuestra misión es proteger no solo el universo sino también el multiverso de esta amenaza, pero al mismo tiempo, nos aseguramos que el equilibrio de toda la existencia permanezca en pie. Somos más de mil trillones de miembros y crecemos cada segundo que pasa. Los Creyentes de la Carne, a pesar de contar con más de mil millones de miembros, aún nos siguen causando problemas.

Hemos terminado con las explicaciones con lo que encararás en tan solo unos momentos. ¿Hay algo que quieras agregar?

-Todo me ha quedado claro. Te lo agradezco mucho Eylem, aunque me queda nada más una duda y espero que me lo puedas resolver.
-Sergei, nacido en Tunguska en 1949, cosechado en 1992, te escucho.
-¿Quiénes son exactamente estos Forasteros? ¿Dioses?
-Sólo recuerda que lo preguntaste.