(Publicado originalmente el 1ro de septiembre de 2016)
“Onda vital”, “Lobezno”, “A todo gas”, “Lucas Trotacielos”,
“La rana Gustavo”… ¿les suenan familiares algunos de estos? ¿Se han alguna vez
preguntado porque aquellos nombres los tuvieron en primer lugar? ¿Un caso de
traducción literal? Bueno, sí, pero el trasfondo es mucho más profundo que eso.
Lo que en su superficie es meramente visto de este lado del charco bajo una
connotación humorística, lo que está detrás probablemente podría ser
considerado como... purista, algo que lleva arrastrando casi 80 años de una
tradición impuesta por la fuerza.
Como antecedente, visualicemos el cuándo (1930) y el dónde
(Italia). El advenimiento expansivo de las películas extranjeras era un asunto
que para el gobierno de Benito Mussolini debía manejarse de manera, digamos,
lingüísticamente nacionalista, esto es, censurar todo lo que fuera
“inapropiado” y doblarlo todo, absolutamente todo, al italiano, sin excepción.
Cualquier otro idioma usado equivaldría a ser penado por la ley.
Mientras tanto en España, el eventualmente convertido en
dictador, Francisco Franco, inspirándose por lo hecho por Mussolini, decide
hacer lo mismo con cada producto cinematográfico que se apareciera (entre otros
medios). “El español, y la mano de obra española, por encima de todo”, así en
resumen. Y dado que eso estaba tan simbióticamente vinculado con la propaganda,
la idea de la pureza y la protección absoluta del español se propagó entre los
ciudadanos quienes se volverían cómodamente asfixiados bajo una
castellanización extremadamente profunda.
Incluso tras el término de la dictadura en 1975, el hecho de
cambiar ideas, contextos, situaciones y demás escenarios dentro de títulos o
diálogos (que con el simple hecho de ver las escenas cambiadas puede que no
tengan mucho sentido pero oh, todo por el español), todo se quedó arraigado a
la tradición. Claro, muchas obras tuvieron cambios en los cambios para
devolverles los contextos de las producciones originales, otras sin embargo, se
quedaron con lo que se quedaron y la población española jamás las conoció como
originalmente eran.
Al final, queda decir que los españoles no consideran estos
asuntos tan graves. No lo consideran como
una mutilación ni una agresividad salvaje a la lengua, es simplemente
usual y cómodo tenerlo en su idioma.