(Publicado originalmente el 30 de diciembre de 2015)
Un día, por cansancio, dolor de cabeza o alguna otra razón,
decides echarte una siesta. Luego, cuando despiertas, antes de decidir
levantarte, seguramente por lo amodorrado que puedas estar, te quedas viendo el
techo (en caso de haberlo) en la oscuridad y tu mirada se mantiene fija ahí.
Quizás empieces a planificar que harás para el resto del día o, en otros casos,
cosas para el corto, mediano o largo plazo. Piensas en el qué, en el cómo, tal
vez en el porqué. Entonces llega la idea.
Hace un año, más o menos durante estos días, se me ocurrió
hacer una "bitácora de sueños", esto es, escribir día con día los
sueños (o pesadillas) que se pudieron haber tenido. La mayoría de las veces,
captas el sueño justo antes de despertarte (incluso si tienes una alarma
puesta, desearías seguir estando dormido para saber en qué acabó la historia),
pero, en mi caso, solo necesito recordar unas cuantas palabras clave para que
no pueda olvidar qué soñé. Claro que esto no siempre sucede; dejo en blanco los
días en los que no pude recordar nada.
Estas palabras que se recuerdan son como piezas de
rompecabezas, así que entre más tengas, la imagen del sueño se volverá más
visible o, probablemente, vívido.
Por ejemplo, hoy pude recordar palabras como
"panteón", "lugar subterráneo", "azulejos transparentes", "escaleras en espiral", entre otros. Una vez
mezclados, las palabras dan como resultado, y para no hacer el cuento largo,
que mi sueño consistiera en el panteón de Morelia, Jardines del Tiempo. La
entrada de la entrada lleva a una limpia cámara subterránea cuyas paredes están
forradas de azulejos transparentes y por donde se filtra la luz del sol. La
ruta opuesta da a unas escaleras en espiral que van en descenso y al final, su
salida da al otro extremo del panteón.
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