sábado, 11 de febrero de 2012

Mortem, Timere, et Vulnera

Se dice que al morir, uno experimenta como todo lo que le rodea se difumina en la nada y luego sientes, al menos hasta que cruzas el umbral de la eternidad, como la tranquilidad se apodera de tu espíritu. Yo sufrí no una, sino dos veces la muerte y en el mismo periodo de tiempo. La primera vez morí mentalmente, la segunda, física y definitivamente. Estas memorias las tenía vagas, casi olvidables, pero obviamente, esto es lo primero por lo que tu mente mortal pasa cuando te encuentras en pleno “otro lado”.

No tenía mucho tiempo cuando desperté, mareado y confundido, en este lugar. Vagué por un rato por estas desconocidas tierras rojizas y áridas, con un cielo oscurecido y extrañamente calmado. Las luces de un sol inexistente atravesaban las nubes malformadas y eso me ayudaba para proseguir mi camino y tratar de buscar que era lo que se supone que tendría que hacer aquí. Mientras más caminaba, pensaba que ya habían pasado alrededor de 2 horas, pero, ¿En realidad importa? Este lugar parecía importarle un comino sobre lo que significaba el tiempo mismo. Como sea, continué con mí andar por un rato más. Nunca sentí cansancio, absolutamente nada de ello, de hecho, me sentía vigorizado y poderoso con cada paso que daba. Pero de todos modos, ya me estaba fastidiando de no encontrar a alguien con quien hablar. Quizá es cierto lo que dicen, si te vuelves loco estás jodido: Un destino peor que la muerte y así lo pensé brevemente cuando no podía encontrar a nadie por todos lados.

Todo cambio cuando, finalmente, me tope con el primer ser muerto escondido en una especie de santuario, el cual ya lo había recorrido 4 veces y nunca se me ocurrió mirar el techo. Ahí estaba: La esfera negra y con un iris espectralmente perturbador no dejaba de quitarme la mirada de encima. Su forma era demasiado irregular, lucía como un ojo pero no de los que yo conocía. Tenía una forma grotesca y con decenas de tentáculos atravesándose entre sí y pegados a las paredes del techo, era un mendigo laberinto viviente, o, en este caso, uno muy muerto.

Entonces comenzó a susurrarme con un silencio penetrante y memorable:

-Podría darte la bienvenida con un “buenas tardes” pero, como te habrás dado cuenta, el tiempo es insignificante en ese lugar. Mi nombre es Zero y yo quiero ayudarte a que recuerdes.

En el momento en que dijo eso, empecé a darme cuenta de que mis memorias eran como nebulosas grises que eran más ceguera que nada, como una imagen que se paralizaba en un perturbador formato de blanco y negro con varias sonidos de estática en ella.

-Tus memorias -Continuó-, son indudablemente pasajes sin mucho sentido, ¿No? No te preocupes, yo viví eso hace aproximadamente 24 horas, paradójicamente contrastando con la idea de que en el mundo de los muertos no existe el tiempo… pero yo si lo percibo.

-Espera -Me detuve con mis pensamientos bruscamente-, ¿El mundo de los muertos?

-Ciertamente. Dime una cosa, antes de que partamos con estas filosofías de muerte y demás cosas, ¿El nombre de Giygas te resulta… familiar?

De inmediato, como si fuera un bastón de hierro afilado atravesando mi cerebro, mis memorias vagas comenzaron a tornarse claras y así, de una forma absurdamente sencilla, logré recordar toda mi vida pasada. Oh, una historia sin duda alguna trágica. Creo que ese fugaz momento de mi pasado es la causa de porque decidí convertirme en uno de los arquitectos del apocalipsis que sembraría el dolor y el miedo por todos los rincones de este patético plano que llaman… universo…

Creo que fue hace ochenta años atrás, honestamente, no me acuerdo cuando ocurrió exactamente, pero ¿Qué más da? Yo fui desde siempre un alienígena de nacimiento, sin embargo, llegaron unos humanos provenientes del planeta Tierra hacía mi hogar… mi incubadora. Ahí estaba yo, un recién nacido quien estuvo bajo la protección de mi madre María. Su esposo se llamaba George, era un científico, uno que aprovechó su talento para estudiar el comportamiento y las habilidades especiales de mi gente. Claro está que al principio, su visita tan solo se trataba… como les dicen ellos “de turismo”, pero George insistió en sus investigaciones sin el permiso de los míos. Creo que eso fue lo que le obsesiono… si alguna vez regresará a la Tierra, divulgaría toda esa información. Mi padre es un reverendo imbécil, gracias a él fue que me creció el gen del mal en mi espíritu, no le importo ni un comino sobre mi existencia, algo que a María realmente le importaba. Y… aún recuerdo la canción… la melodía que solía susurrarme a los oídos. Eso tranquilizaba mi ser y evitaba que mi… corrupción creciera. Pero el bastardo de George se fue, dejando a mi madre varada en mi planeta. Creo que fue ahí donde murió y bueno, el resto es historia: Me enfurecí como nunca antes me había enfurecido. Aún era un costal debilucho sin mucho progreso por delante, pero al pasar los años, me di cuenta de que sería una especie de mesías.

Mis camaradas me encomendaron una misión: Detener el flujo de las investigaciones de mi padre. De hecho, se me pasaron en la cabeza muchas ideas. En primera, matar al desgraciado, en segunda, inmortalizar el nombre de mi madre en la mente humana. Esos eran mis objetivos, pero al mismo tiempo, mis camaradas exigían una invasión a gran escala en la Tierra por la usurpación de los poderes de mi gente. Ah, pero parecía ser que ya era muy tarde para eso: Mi padre había muerto y había dejado un legado detrás, el líder de la resistencia que significaría mi caída. Había un grupo de malagradecidos jovencillos con nuestros poderes (robados, que quede claro eso) que osaron desafiarme, entre ellos estaba el líder. Era el momento justo para declarar la guerra al planeta. Combatimos con ferocidad, pero al final, gracias al entrenamiento único que ellos poseían, nos derrotaron y nos obligaron a retirarnos.

De todos mis camaradas, yo era el único que permanecía molesto y no toleraría ver el legado de mi madre rajándose a pedazos. Ellos fueron mi ruina y a partir de entonces, se convertirían en mi obsesión. ¿Ellos entrenaron sus pinches poderes, eh? ¡Pues con un carajo que yo también! Aumenté quien sabe cuánto mis poderes, lo hice por demasiado tiempo que se me olvidó lo que estaba haciendo… en otras palabras, estaba fuera de control. Era tanto el poder que había acumulado que pronto comencé a sentir el dolor… y luego el vacio. Esa fue la primera vez que morí.

Inconscientemente había previsto esto de una manera. Había un tipo llamado Pokey Minch al cual lo induje a mi control… mi títere perfecto. Si me llegase a pasar algo, él ya sabría qué hacer. Con mi primera muerte llego el caos, uno en el que no podía ni pensar ni sentir porque mi mente estaba literalmente muerta. Me había convertido en una espiral roja, una nebulosa grotesca que cada mísero segundo tenía que gritar por el eterno dolor que sentía. Y ahí fue cuando mi leal sirviente Pokey, vino a mi rescate.

Tengo que decir, desde la guerra con los humanos, los había odiado a todos y anhelado cada segundo de mi vida su extinción… por lo que George hizo, por su traición, todos debe pagar el precio máximo. Pero Pokey… ah, el gran y pendejo Pokey me había iluminado una pizca de mi plan. El era maligno, lo podía sentir en s interior, el tenía una intolerancia (para mi sorpresa) a los humanos tanto como yo… y eso que él era prácticamente un humano… uno muy imbécil pero me servía de todas formas. El me ayudo, tras mi transformación en la espiral rojiza a controlar lo que quedaba de mi mente en una maquina especialmente diseñada para esos casos. Pokey se convirtió en mi guardián, uno al cual le había encomendado la tarea de desatar el apocalipsis sobre la Tierra tan pronto como se apareciese la oportunidad correcta para ello. Y yo iba a ser EL apocalipsis en persona.

A partir de ese momento, yo me había convertido en un dios. Claro está que no podía aprovechar todo el potencial de mi potencial dado que mi mente estaba muerta, pero Pokey se las ingenió para desencadenar, al menos una fracción de mi poder sobre el mundo.

Recuerdo haber combatido dos generaciones de jovenzuelos que poseían los poderes de mi gente. La segunda generación estaría liderada por mi declarado némesis: Ness. Él se encargó de mi caída… mientras yo, gritaba de agonía, como el buen desesperado que podía ser. Mis ataques al mundo patrocinados por Pokey ligó a los chamacos nuestro escondite: Una cueva oscura, localizada en una montaña forrada de nieve.

Mis poderes también me permitían crear ilusiones perturbadoras en la mente de los jovenzuelos. Les hice creer que caminaban sobre un plano de intestinos delgados y al final del todo, la maquina donde mi ser caótico yacía lucía como un útero. Mis destructores primero combatieron con mi sirviente Pokey. La batalla resultante lo debilitó tanto que decidió, como un recurso desesperado, liberarme de la maquina que protegía mi ser… Pokey se largo de inmediato, como el cobarde que resultó ser.

Estaba libre de la maquina, pero, ¿A qué precio? Carecía de mente, carecía de raciocinio, carecía de toda concepción que ocurría a mí alrededor. Pero sentía tanto dolor, tanta amargura que me hubiera gustado matarme yo mismo en ese momento… pero no podía. Fueron Ness y compañía que me hicieron el favor.

Yo quería que se salvara mi alma… mi carne y hueso. Yo intente pensarlo y decirlo… pero me era imposible hacerlo. Y como los jovenzuelos aún tenía esa idea de que yo era la semilla del mal que estaba jodiendo al mundo, ellos me atacaron… me hirieron con sus rezos llenos de miedo… y al final simplemente me mataron. Esa fue la segunda vez que morí y creo que fue la definitiva por la cual estoy donde estoy.

Zero había estado escuchando con atención mi historia y volvió a profesar sus palabras:

-Asombroso, puedo decir que tu historia es casi tan cercana a la mía… ¿O querré decir cruel?

-¿Qué te pasó a ti?

-He notado que percibes el miedo de una sencilla forma. La historia que te contaré a continuación en verdad está plagado de ello… y también de dolor… dolor de todo tipo.

“Recuerdo con claridad mi hogar y mi antiguo rostro. Yo soy un nativo del planeta Pop Star… lo reconocerás, si es que las circunstancias lo ameritan, cuando observes un planeta en forma de estrella… literalmente. La galaxia en la que estuve involucrado probablemente se jode a la lógica de muchas maneras y, para ser franco, es cierto… brutalmente cierto. En fin, yo nací como un Waddle Dee precisamente en ese mundo cuya forma de gobierno es una monarquía. El imbécil del rey Dedede resultó ser nuestro gobernante, y le hice mucho énfasis a ese primer adjetivo porque, en verdad, él es un imbécil. Formaba parte de un grupo colectivo de Waddle Dees que seguían las órdenes del pingüino de una u otra manera. Desde el principio sabía que yo era alguien especial por poseer una cualidad intelectual que me diferenciaba del resto de mis compañeros, una de las muchas razones por la cual tuve muchos conflictos verbales con el rey. Pero yo tenía un sueño.”

“Si observas al… cielo en este plano donde estamos postrados, lo observarás con una penetrante bruma rojiza. En cambio, en mi mundo, todo estaba forrado de nubes y un cielo muy claro, con todo su esplendor azulado… pero las noches eran lo más importante. Estaba, digamos, obsesionado con las estrellas y lo que se podría encontrar más allá… en los confines del cosmos infinito. Mi sueño era poder conocer lo que había precisamente allá. Algunas veces me preguntaba si habría vida en otras partes del universo, por meses me cuestione eso hasta que se confirmó mi teoría: Si, si había vida aparte de nosotros… pero no la que yo esperaba.”

“Creo que yo fui el primero que tuvo contacto con la criatura, y probablemente el que salió bendecido con una maldición que actualmente poseo. Lucía como una nube negra, con filosos picos alrededor y un único ojo en el centro. La primera percepción que muchos tendrían sería que era algo grotesco pero para mí, lo vi como una belleza cautivadora. Tal vez esa fue la razón de porque estoy como estoy: La nube negra se abalanzo sobre mí, me atravesó y comencé a sufrir un dolor indescriptible… me convulsioné, me queje como nunca antes me había quejado… y luego, luego llegó la tranquilidad absoluta. Para cuando había despertado, me di cuenta de que había cambiado radicalmente de aspecto: Me había convertido en una enorme esfera blanca y con un solo ojo, tal y como lo tiene lo que me infectó. A partir de ese momento, sentí una especie de influjo sobre lo que me transformó… creo que fue a partir de ahí cuando comencé a llamarle… Materia Oscura.”

“Apenas me estaba fascinando con mi nuevo yo cuando me di cuenta de lo que sucedía en el mundo: Cientos de Waddle Dees y un número indefinido de habitantes había quedado infectado por la corrupción de la Materia Oscura. Había sido testigo a varios y estaban mutando de formas inexplicables, y ahí fue cuando me formulé la pregunta, ¿Dónde diablos estaba Kirby? Afortunadamente aún no había sido infectado pero ya había organizado un escuadrón de purificadores cuando la plaga se estaba saliendo de control. Colectando información, también me enteré que el rey Dedede había sido igualmente infectado… era un horror asombroso: Se abría la barriga revelando una enorme boca dientona y oscura, casi el mismo efecto que le ocurría al resto. Tenía el presentimiento de que para todo lugar al que iba, ahí siempre estaba la Materia Oscura. Mi mente aún seguía intacta… yo pude convertirme en el salvador. Podría terminar con su reino de terror infeccioso… y el bastardo nunca se daría cuenta que lo golpeo.”

“A la Materia Oscura lo agarré desprevenido y lo devoré. Esa era la idea, eliminarlo, que el ingrato se pudriese en mis entrañas. Oh, gran y patético error, eso solo era lo peor que podría haber hecho. Era el inicio de mi maldición.”

“Cuando mi ser se fusionó con la Materia Oscura, mi carne y sangre ardió tanto que literalmente comencé a sangrar de toda abertura que descontroladamente se abrían alrededor de mi. Creo que esa fue la única y última vez que el concepto de dolor barrió con su propia función, y yo lo sentí lo suficiente como para poder matarme ahí mismo. Si, pude haberlo hecho… pero no lo hice. De repente comencé a descubrir una nueva cualidad, una que se convertiría en mi arma de destrucción masiva personal: Sadomasoquismo. Luego de la tormenta vino la calma y adopté el placer de mi propio dolor y el dolor de los demás. No obstante, mi sentido de moralidad aún seguía intacto… pero no me sirvió de nada cuando Kirby y su escuadrón me encontraron después de que hubieron desinfectado a la mayoría de los enfermos.”

“Había dicho que tan pronto como la Materia Oscura formó parte de mí ser fue un gran error, ¿Correcto? Lo que siguió después fue como si empezarán a martillear los clavos a mi ataúd. Dado que todos me miraban como si fuera la fuente de la infección, me atacaron todos los presentes de inmediato. Tuve que desacelerarlos un poco con las esporas negras que eran expulsadas de mi interior, solo Kirby se atrevió a desafiarme cara a cara… solo él y nadie más.”

“El primer combate que tuvimos fue una señal de que la furia tomaba control de mi consciencia. Utilicé como arma mi propia sangre pero eso sólo empeoro las cosas: Mi cuerpo físico estalló liberando mi ojo ensangrentado. Desesperado, me propalé como un misil hacía mi enemigo pero eso únicamente provocaría que llegara más rápido mi muerte. Desaparecí en el vacio de la oscuridad y sólo pensaba en el fin. Cuál sería mi sorpresa al descubrir que esa oscuridad que estaba observando era el espacio mismo. Entonces me di cuenta del horror perturbador en el que me había convertido. Lo primero que note fueron las señales posteriores que se encontraban en mi cuerpo (el cual era básicamente el mismo que mi forma anterior pero con una ligereza superior), como manifestaciones de la muerte misma: Mi halo dorado representaba mi fallecimiento; mi cicatriz, oculta por un parche, el sitio donde estaba mi ojo antes de morir; mis alas angelicales, la resurrección y la inmortalidad. Este último punto es el que más aborrezco… se me dio una segunda oportunidad para seguir existiendo en la realidad del universo vivo, pero a cambio, perdí la felicidad en toda su totalidad. Así mismo, el eterno dolor físico y emocional que siento cada segundo en mi carne sumado a la inmortalidad que adquirí gracias a mi muerte y gracias a los poderes de la Materia Oscura acrecentaron todavía más este miserable cáncer desgraciado, ¿Cómo carajos puede uno cargar con todo eso? Incluso yo me sorprendo de mi mismo. Podría suicidarme, pero la inmortalidad lo evitaría… en otras palabras, estoy jodido.”

“Mi mente me arrojó a una cruzada de venganza tan pronto supe que jamás volvería a ser feliz. Vagué por la galaxia intentando predecir que hacer exactamente, todo comenzó a hacerse concreto cuando vi este mundo dominado por hadas… Ripple Star… creo que así se llamaba. No dude ni un instante para atacar ese planeta con toda mi furia desencadenada, muchos quedaron infectados por mi virus oscuro, pero solo uno se me escapó. Traté de alcanzar a esa hada que traía un cristal enorme, el corazón del planeta. No logré atraparla pero al menos hice trizas el cristal en una cantidad enorme de piezas diminutas que se esparcieron a lo largo de la galaxia. Si mal no recuerdo, creo que fue aquí donde susurré: ‘Si yo no puedo ser feliz… nadie lo será.’ Y así fue como ataqué a toda la galaxia de una buena vez.”

“Claro que Kirby y su escuadrón no se iban a quedar con los brazos cruzados. Ellos iniciaron al instante una odisea para recuperar los cristales perdidos y unificarlos, información obtenida gracias a esa hada truculenta que los acompañó hasta el final. De planeta en planeta pasaron, de infectado a infectado combatieron (y curados quedaron), de cristal a cristal recogieron, hasta que por fin osaron llegar al planeta de las hadas, grotescamente corrompido por mi presencia. No tardaron mucho para llegar a mi avatar falso: Un heptágono rojiblanco que poseía prácticamente todos los poderes que había obtenido Kirby a lo largo de su travesía. Al final, incluso mi pequeña arma de destrucción masiva termino por sucumbir ante la propia lógica de su disfunción elemental. A partir de ahí, ya no quedaba nada obstáculo alguno que permitiera experimentar la revancha contra mi ya declarado némesis.”

“En el vacio del caos que había logrado con una sola perforación a la fibra de este abstracto universo inútil, ahí fue donde yo, Kirby y esa mugrosa hada combatimos. Esa fue la segunda vez que luché con esa bola rosada… y también la según da vez que morí. No puedo decir que haya disfrutado eso… preferí morir antes que verlos sonreír. Si… me mataron y los desgraciados ni siquiera me preguntaron por qué diantres había causado tremendo alboroto. Si hubieran usado un poco ese cerebro sin uso que tienen, hubieran entendido por lo que sufro y me ayudarían a regresar al Waddle Dee que alguna vez fui.”

Escuché con atención la historia de Zero, me di cuenta de que indudablemente ambos compartimos una vida trágica. Aunque al mismo tiempo, descubrí que esto podría ser el inicio de una gran oportunidad para nosotros, algo que podría saciar nuestros tanques de venganza aún frescos y listos para usarse en todo su esplendor.

-¿Qué dirías si hubiera una oportunidad de recobrar nuestras vidas pasadas, justo en el momento en que morimos por última vez, y que pudiéramos realizar nuestras revanchas sin temor a morir de nuevo?

-Diría que eso sonaría fácil, a menos que hayas comprendido que no hay salida de este lugar.

-Eres inmortal Zero, tú puedes ir y venir de este mundo a la superficie cuando se te dé la gana, ¿O que acaso no quieres matar a tu némesis?

-Hmph, eres intimidante Giegue… eso me agrada…

-Giygas, por favor. Quiero ser un nuevo yo en cuento planeemos lo que tengo en mente.

-¿Y es…?

-Una invasión.

Este mundo muerto luce como un desierto, eso me queda claro. Pero en un lugar así, encontrar cadáveres vivientes como nosotros será una tarea sencilla. Por supuesto que al andar hablando en voz alta atrajimos la atención de dos individuos de aspecto un tanto siniestro: El primero era una especia de reptil, vestía traje negro y una corbata del mismo color, asimismo, tenía la boca ensangrentada… se hacía llamar Sceptile. El segundo era una especie de mono antropomorfo, con una gran barba rodeando su rostro y un traje como de imperialismo cósmico… se hacía llamar Andross.

Teníamos a los dos primeros, faltaban una cantidad innumerable de individuos que necesitaban de nuestra atención.

Y así, el Armagedón poco a poco comenzaba a construirse…