9/08/13
La razón de la visita al estado
fue para la graduación de una prima que obtenía su licenciatura en Odontología.
Todo comenzó cuando mi papá sugirió irnos a partir de las 10 AM, pero un
improvisto con mi tío sobre mandados y chucherías adicionales nos hizo irnos
media hora después. Mi primo, el chef, conducía el vehículo y yo pensaba que ir
viajando por un aproximado de seis horas de Acámbaro a Zacatecas sería cansado
y aburrido nada más porque no había con qué escuchar música, a pesar de las
bocinas que traíamos, estas no alcanzaban a desplegar un sonido adecuado. Eso,
sin embargo, disminuyó con las conversaciones que pendían desde como mi primo llego
a escaparse tres veces o más de la escuela siendo apenas un niño y que por
ello, cerraron dicha escuela; del como mi papá, en su niñez, se fue a pajarear
con un amigo en vez de ir a la escuela y que un chismoso les arruinó la diversión
cuando le fue a contar a mi abuelo sobre ello y, bueno, hubo cinturonazos de
por medio; de como mi abuelo materno le ordenó a otro de mis primos, el médico,
ir a una feria en Zacatecas y que durante todo el recorrido estuvieron poniendo
una misma canción hasta que mi abuelo se lo aprendió.
Nos hubiéramos hecho 5 horas de no ser por los retenes o reparaciones en
carreteras que tuvimos que atravesar y la tienda del Oxígeno en donde nos
detuvimos para refrescarnos.
A través de Aguascalientes viajamos y finalmente llegamos a Zacatecas. Nos
dirigimos derecho hacia el centro histórico siguiendo los letreros que decían
"Catedral"; casi nos perdíamos en el intento pero llegamos a nuestro
hotel, pequeño pero bonito, sanos y salvos.
Tras instalarnos en nuestra habitación, buscamos un restaurante para comer.
Normalmente comemos a las 3 pero para ese momento ya eran las 5. Estuvimos
recorriendo la avenida Hidalgo mientras mi primo insistía que debíamos comer en
un lugar donde vendieran especialidades exclusivamente zacatecanas. Al final optamos
por uno cuyo aspecto lucía muy fino: "Acrópolis"
Después, mi papa sugirió que subiéramos al teleférico, cosa que hicimos. A
decir verdad, se siente como subir a un barco y en un elevador a la vez, pero,
por supuesto, en el aire. Tuvimos un narrador con muy buen sentido del humor
mientras nos describía cada aspecto importante de la ciudad. Mi tío, mi papá y
yo disfrutamos este viaje por las alturas, mi primo no tanto.
Llegamos al cerro de La Bufa y nos subimos a un tren turístico que nos llevó a
la cima, en un recorrido demasiado breve. Recorrimos la zona de las estatuas,
la iglesia y el enorme balcón que ahí se encontraba.
Entonces, llegó el momento de descender. Cuando el presentador del tren nos
dijo que el camino para bajar conducía a la parte trasera de la catedral, no
estaba bromeando. Caminamos y caminamos en una ruta sumamente inclinada, la
cual empezaba en una carretera -que no resultó ser carretera- y terminaba en
los callejones de un vecindario. Al final, mis pantorrillas terminaron desgastadas
y temblando. Nos merecíamos un
descanso.
Alrededor de las 9, llegó mi tío zacatecano, nuestro anfitrión, con mi otra
prima y los llevamos a cenar a "El Pueblito". Por supuesto, mi primo
fue el que animaba las conversaciones, aunque no desperdiciaba ningún momento
al comparar la comida con las de Guanajuato y Michoacán.
Salimos, estuvimos viendo un rato un pequeño evento estilo carnaval al lado de
la catedral y luego cada uno se fue a dormir a sus respectivos lugares.
10/08/13
Amanecí con dolor de
cabeza pero era uno de esos tipos de dolores que, pensé, se quitarían luego de
unos minutos. No fue así y me tuve que aguantar hasta la hora del desayuno. Nuestro
cuarteto salió a buscar un restaurante para ello y dimos con una llamada “Gorditas
Doña Julia”. Todo era normal hasta que yo di el primer mordisco a mi orden. Pronto
me di cuenta de la especialización que tenía esta cadena: Su chile. Un tipo de
chile que es un reto para los que están acostumbrados a comer cosas picosas
pero una tortura para los que no, como yo. Eso sí, puedo decir que la enchilada
que me congeló el cerebro me quitó el dolor de cabeza. Pobres de los turistas
que hayan venido a ese lugar y de aquella persona que haya cometido la osadía
de pedir cinco gorditas para sí sola.
El desayuno no fue
realmente satisfactorio, así que fuimos a otro lugar y ahí sí estuvimos bien.
Fuimos al evento de la
graduación y todo salió sin nada inusual y bajo los estándares. Veredicto:
Muchas fotos se tomaron.
Antes de yo
despertará, escuché a mi primo que iba a recorrer el centro un rato y encontró
un lugar que le dio interés llamado “La casa del inquisidor”, un museo.
Terminada la graduación, fuimos a ese lugar y debo decir, honestamente, que el
caso de La Bufa y del museo fueron lo mejor de todo el viaje de Zacatecas, ¿Por
qué? Por el guía que nos llevó a nosotros y a otras cuatro personas más por las
habitaciones y explicándonos con lujo de detalle los artilugios que se
encontraban en cada una. Lo sorprendente no sólo fue la manera tan increíble en
como narraba las cosas o como fue el hecho de haberme enterado de cosas que
desconocía (Como el nombre completo de Miguel Hidalgo o el hecho de que las
pinturas que se conocen de él son, de hecho, del médico de Maximiliano de
Hasburgo), fue que una de las personas que estaban escuchando resultó ser
antropóloga y ella preguntaba cosas complejas a lo que él respondía
correctamente cada una de ellas y con la misma dimensión de profundidad que el
resto de las cosas. El recorrido se sobrepasó de la hora pero me fui satisfecho
de ahí.
Desde ese punto,
caminamos como la mitad del camino de La Bufa a la catedral para llegar a la
iglesia gótica (no sin antes perdernos brevemente en el proceso) donde se
celebraría la misa de graduación de mi prima y sus compañeros.
Terminado el evento,
mi tío anfitrión sugirió un lugar donde pudiésemos comer: Un buffet. Mi primera
idea era comer en un Vips que teníamos de paso pero al final fui a dicho buffet
y no estuvo nada mal el servicio al final.
Nos detuvimos en un
Sanborns y en un mercado de artesanías y finalmente regresamos al hotel para
descansar y prepararnos para la fiesta familiar de las 9. Mi celular murió
llegando esa hora y entonces me di cuenta que no sobreviviría más allá de las
12. Pude haber aguantado más pero sin medios de entrenamiento y casi
desfalleciendo del sueño, al final regresé con mi papá y con mi tío al hotel.
Mi primo se quedó un rato más en la fiesta y regresó hasta las 3 AM.
11/08/13
Sr desató la lluvia
por la mañana y eso me despertó.
Podríamos haber aplicado
lo mismo que ocurrió de Acámbaro a Zacatecas pero nos retrasamos al desayunar
en el Acrópolis, aunque eso lo interpreté como “terminaremos donde empezamos”.
Algunas veces pienso
que cualquier viaje largo en cualquier vehículo de ida es tranquilo, pero los
de regreso no son nada cómodos. Con eso de que nos hayamos perdido en
Aguascalientes es un comienzo pero luego ya comenzó a mejorar el asunto hasta
que finalmente llegamos a Acambarancho.
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