Colina despejada y
pureza verde en la región.
Cielos blancuzcos,
carente de desenlace.
Una nada en el todo y
una entidad en el centro.
Ahí se ve, el árbol
con sus innumerables ramas.
El eterno tronco nunca
caerá.
Sobrevivirá por el
olvido y la memoria.
Raíces unificadas por
constantes principios y finales.
Un sentimiento
abrumador de ver más allá.
Ramas que no se pueden
contar,
ellas ocultan en sus
hojas lo que no se debe mirar.
Y en la insistencia,
hasta la mente fuerte perecerá.
Sorpresa será como
esto volverá a empezar.
Hojas diferentes en
cada rama, cada visión.
Nunca terminará,
porque así lo dicta la naturaleza.
Lo absurdo y lo
lógico, observados como uno.
Caos más orden como el
híbrido definitivo.
En la elección de
seguir mirando,
otra hoja nacerá.
Herederos continuos e
inmortales
que jamás se cansarán.
Incluso si hay muerte,
otro elemento tomará su lugar.
Incluso si hay vida,
otros lo acompañarán.
En el vacío habrá todo
mientras que en el
todo habrá vacío.
Las raíces lo
establecen.
El tronco lo mantiene.
Las ramas le dan vida.
Las hojas le darán lo
incalculable.
El gran núcleo de lo
existente ya está manifestado.
Es mejor contemplar,
es mejor meditar.
Es mejor ser testigo
del coloso con permanencia total
y sus decisiones
distintas y únicas.
Las hojas siguen
creciendo.
Las ramas se han
vuelto más fuertes.
El tronco nunca se
moverá.
Y las raíces detonarán
la reacción de lo infinito.
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