lunes, 17 de diciembre de 2012

Relatos IV

Cazadores y cazados

L'tozihu solía ser uno de los más peligrosos mercenarios del mundo, conocido particularmente por usar una cantidad inmensa de grupos guerrilleros a su disposición. Todos leales y dispuestos a morir en su nombre, así como él a ellos. Esta vez, él iba a conocer su igual.

El intimidante "Jefe", como le gustaba que le llamaban, había trabado conflictos en varias ocasiones con el mercenario, cada uno de ellos aislados y sin importancia. Un día, Jefe cruzó la línea y secuestró a 20 miembros de las fuerzas de L'tozihu. El líder mercenario rival quería una premio especial para dejar libre a su... botín de guerra.

L'tozihu no quería arriesgar las vidas de sus camaradas. No tenía elección: Buscaría la recompensa encomendada por Jefe en una locación específica, unas ruinas arqueológicas.

Tan pronto llegaron el mercenario y un particular grupo élite de sus guerrilleros al sitio, fueron emboscados por un explorador solitario que los tomó por sorpresa adquiriendo el premio y huyendo rápidamente con él. Fue ahí cuando L'tozihu cuestionó seriamente el uso de aquel artefacto, el cual no era más que una baratija insignificante de oro. Él también supo que las consecuencias eran inevitables.

L'tozihu, al enterarse de que los soldados de Jefe habían decapitado a los mercenarios y tumbado sus cuerpos a un pantano, llamó a todas sus fuerzas (uno a uno llegando discreta y secretivamente al punto de reunión) a organizar la madre de todas las invasiones. Había llegado la hora de la venganza.

Jefe y sus súbditos no lo vieron venir: Las tácticas guerrilleras de L'tozihu resultaron invisibles para ellos. Uno a uno fueron sometidos a mitad de la noche siendo, curiosamente, el mismísimo Jefe el primero en serlo.

Durante la mañana, L'tozihu le cortó los parpados a Jefe y lo obligó a observar el premio de consolación que  le tenía preparado: Sus guerrilleros estaban hambrientos y, dadas las tácticas de supervivencia extrema a la que están acostumbrados, convirtieron a los soldados de Jefe en sus desayunos.

Mentalmente colapsado y fuertemente traumatizado, Jefe fue llevado a rastras por L'tozihu hacia el manantial más cercano. Ahí, el mercenario sumergió la cabeza del rival y lo dejó ahí por 1 hora. Blando el cuerpo sin vida de Jefe, L'tozihu tomó cuchillo y tenedor y se dio el festín de su vida.

L'tozihu replegó a sus leales mercenarios hacia escondites altamente secretos en espera de ser llamados a una nueva misión: La caza del explorador solitario.

En el principio

Un viejo general encarcelado en una prisión de máxima seguridad por sus crímenes de guerra se encontraba  informando a su compañero de celda, El Teniente, sobre un plan de fuga.

Para que la fuga tuviese éxito, buscaron el apoyo del resto de los reclusos, la mayoría de ellos asesinos por actos anárquicos, y los convencieron de unirse a su causa.

Con la confianza en el General y el Teniente creciendo velozmente, se organizó la fuga finalmente. Lo inminente sucedió una noche lluviosa... y fue violento.

Cada uno de los prisioneros, tan pronto comenzaron a ser libres, empezaron a destruir y a matar todo lo que se encontraba a su paso. El General simplemente saboreaba la libertad.

Cuando llegaron las fuerzas defensivas y lucharon contra los anarquistas, el Teniente previó una derrota masiva de su lado.

El General, en medio de la guerra, conoció a un enigmático individuo conocido tan solo conocido Miedo. Ambos tenían mucho en común con respecto a destruir la mente antes que el cuerpo. Miedo informó al General que su derrota era inevitable considerando que esta fuga se realizó sin motivación alguna más que el caos. Informó Miedo que la próxima vez que se vieran, sería hacia una mejor organización, esta vez con fines no locales, sino mundiales. Miedo desapareció entre la nada tan pronto dijo esto al General.

Y así, los anarquistas y sus líderes fueron derrotados y enviados de vuelta a la prisión que aumentó su seguridad un 1000% mientras los defensores celebraban su victoria.

Mientras tanto, Miedo, en una locación ártica, pensaba en su futuro plan... y no involucraba de ninguna manera ni al General ni al Teniente.

martes, 4 de diciembre de 2012

Relatos III

Enemigo Inesperado

El Olvido, un poder contradictorio para el universo mismo. El señor oscuro, quien ha estudiado este fenómeno desde que lo descubrió, se preguntó a sí mismo: ¿Cómo puede semejante cosa permanecer en esta realidad mortal?

El Olvido es todo y nada. Aquellos que saben de su existencia deberían considerar usar la ironía como arma para defenderse de tal cáncer.

El señor oscuro entendía que su propio poder era insignificante comparado con el colosal Olvido. Ni siquiera el caos puede hacerle frente, está en estos momentos cagándose de miedo ante su presencia, comentó.

El Olvido no es una amenaza para el universo... al menos no aún, pero pronto lo será. Todos, incluso el señor oscuro, necesitan estar preparados para lo inevitable.

La Nada, el Vacío, el Hueco: Todos sinónimos del Olvido. Cada uno de ellos intentando confundir a los que viven y mueren en las dimensiones finitas e infinitas.

Si la existencia es el enemigo del Olvido, eso significa que podemos usar eso como arma a nuestro favor. Es una de nuestras tan limitadas opciones que poseemos, concluyó un preocupado señor oscuro.

Sombras de Guerra

El comandante había conocido al rey por demasiado tiempo. Él sabía a que venía su viejo camarada: Establecer una alianza para la organización de una operación secreta.

El rey es un torturador, gusta ver sufrir a sus víctimas sin fin. El comandante es un estratega y un poderoso líder militar, aunque también le fascina ver mierda explotar sin control.

El rey quería que él fuera a hablar con los Cosechadores (grupo compuesto mayoritariamente por espías y mercenarios), y su cruel condesa al mando para entablar una alianza. El comandante aceptó sombríamente.

Mientras tanto, el rey estaría negociando con peligrosos criminales de una dura prisión de máxima seguridad. Cada uno de sus prisioneros son anarquistas.

Estás pensándolo en grande, colega, mencionó el comandante. Apuesta a tu culo que si. Lo que vendrá será monumental, respondió el rey.

Al momento de ver al rey retirándose  el comandante no pudo evitar pensar que el fin era inminente: Muerte para los enemigos del rey. Muerte para la esperanza misma.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Relatos II

Lo que sigue después

Les llaman "Los Cuatro" por una razón: Ellos fueron los responsables de matar a todas las fuerzas del bien en el mundo, el cual transformaron en su patio de juegos personal.

Cuando decidieron repartirse el mundo, por gusto, optaron por emplear nombres código: El Miedo eligió el Norte; el Fraude seleccionó el Sur; el Caos conquistó el Oeste; la Oscuridad se apoderó del Este.

Alguna vez llegaron a cenar juntos. ¿El platillo? Un indefenso prisionero suplicando con sus ojos por su vida. Ese día se efectuó canibalismo y los cuatro simplemente se mostraron corteses, finos y satisfechos todo el tiempo.

Inevitablemente, se dieron cuenta de que el planeta estaba muerto. Estaba tan arruinado y condenado que ya era un punto de no retorno. A los cuatro se les ocurrió la idea de jugar a "La Ruleta": El ganador lo toma todo.

Orbe Podrido

Él obtuvo lo que quiso: Poder. Todos sus enemigos estaban muertos y dejados a la intemperie. Los restos de la guerra es algo en lo que el ganador se puso a reflexionar.

El esclavo, en condiciones de vegetal, fue llamado por su intimidante amo. Él estaba comiendo y necesitaba sal, la cual no tenía. Devorar carne cruda no era tan apetitoso como lo pensaba.

Con la sal puesta, el amo procedió a lamer la carne y chuparla una y otra y otra vez. Entonces, ahora que por fin estaba la comida disponible para la digestión, aprovechó la oportunidad para pronunciar unas palabras a su esclavo: Muchos dicen que la guerra me volvió loco... ¿Eso es cierto?

El esclavo inútilmente intentó pronunciar una palabra, después de todo, había sido lobotomizado cruelmente. El amo continuó con su discurso: Si, en verdad he enloquecido. Ven aquí y te mostraré porqué.

El esclavo se acercó y vio el banquete: El mal cocinado cadáver de uno de sus enemigos. El individuo que estás mirando se suicidó, dijo fríamente el amo.

El amo explicó que nunca había matado a nadie en su vida, él solamente rompía las mentes de sus víctimas para obligarlas a que cometan suicidio.

M...or...i...r, apenas alcanzo a articular la palabra el esclavo. ¿Tú? ¿Por qué? Muchacho, tienes mucha vida por delante, finalizó el amo con un carcajada.