sábado, 11 de febrero de 2012

Mortem, Timere, et Vulnera

Se dice que al morir, uno experimenta como todo lo que le rodea se difumina en la nada y luego sientes, al menos hasta que cruzas el umbral de la eternidad, como la tranquilidad se apodera de tu espíritu. Yo sufrí no una, sino dos veces la muerte y en el mismo periodo de tiempo. La primera vez morí mentalmente, la segunda, física y definitivamente. Estas memorias las tenía vagas, casi olvidables, pero obviamente, esto es lo primero por lo que tu mente mortal pasa cuando te encuentras en pleno “otro lado”.

No tenía mucho tiempo cuando desperté, mareado y confundido, en este lugar. Vagué por un rato por estas desconocidas tierras rojizas y áridas, con un cielo oscurecido y extrañamente calmado. Las luces de un sol inexistente atravesaban las nubes malformadas y eso me ayudaba para proseguir mi camino y tratar de buscar que era lo que se supone que tendría que hacer aquí. Mientras más caminaba, pensaba que ya habían pasado alrededor de 2 horas, pero, ¿En realidad importa? Este lugar parecía importarle un comino sobre lo que significaba el tiempo mismo. Como sea, continué con mí andar por un rato más. Nunca sentí cansancio, absolutamente nada de ello, de hecho, me sentía vigorizado y poderoso con cada paso que daba. Pero de todos modos, ya me estaba fastidiando de no encontrar a alguien con quien hablar. Quizá es cierto lo que dicen, si te vuelves loco estás jodido: Un destino peor que la muerte y así lo pensé brevemente cuando no podía encontrar a nadie por todos lados.

Todo cambio cuando, finalmente, me tope con el primer ser muerto escondido en una especie de santuario, el cual ya lo había recorrido 4 veces y nunca se me ocurrió mirar el techo. Ahí estaba: La esfera negra y con un iris espectralmente perturbador no dejaba de quitarme la mirada de encima. Su forma era demasiado irregular, lucía como un ojo pero no de los que yo conocía. Tenía una forma grotesca y con decenas de tentáculos atravesándose entre sí y pegados a las paredes del techo, era un mendigo laberinto viviente, o, en este caso, uno muy muerto.

Entonces comenzó a susurrarme con un silencio penetrante y memorable:

-Podría darte la bienvenida con un “buenas tardes” pero, como te habrás dado cuenta, el tiempo es insignificante en ese lugar. Mi nombre es Zero y yo quiero ayudarte a que recuerdes.

En el momento en que dijo eso, empecé a darme cuenta de que mis memorias eran como nebulosas grises que eran más ceguera que nada, como una imagen que se paralizaba en un perturbador formato de blanco y negro con varias sonidos de estática en ella.

-Tus memorias -Continuó-, son indudablemente pasajes sin mucho sentido, ¿No? No te preocupes, yo viví eso hace aproximadamente 24 horas, paradójicamente contrastando con la idea de que en el mundo de los muertos no existe el tiempo… pero yo si lo percibo.

-Espera -Me detuve con mis pensamientos bruscamente-, ¿El mundo de los muertos?

-Ciertamente. Dime una cosa, antes de que partamos con estas filosofías de muerte y demás cosas, ¿El nombre de Giygas te resulta… familiar?

De inmediato, como si fuera un bastón de hierro afilado atravesando mi cerebro, mis memorias vagas comenzaron a tornarse claras y así, de una forma absurdamente sencilla, logré recordar toda mi vida pasada. Oh, una historia sin duda alguna trágica. Creo que ese fugaz momento de mi pasado es la causa de porque decidí convertirme en uno de los arquitectos del apocalipsis que sembraría el dolor y el miedo por todos los rincones de este patético plano que llaman… universo…

Creo que fue hace ochenta años atrás, honestamente, no me acuerdo cuando ocurrió exactamente, pero ¿Qué más da? Yo fui desde siempre un alienígena de nacimiento, sin embargo, llegaron unos humanos provenientes del planeta Tierra hacía mi hogar… mi incubadora. Ahí estaba yo, un recién nacido quien estuvo bajo la protección de mi madre María. Su esposo se llamaba George, era un científico, uno que aprovechó su talento para estudiar el comportamiento y las habilidades especiales de mi gente. Claro está que al principio, su visita tan solo se trataba… como les dicen ellos “de turismo”, pero George insistió en sus investigaciones sin el permiso de los míos. Creo que eso fue lo que le obsesiono… si alguna vez regresará a la Tierra, divulgaría toda esa información. Mi padre es un reverendo imbécil, gracias a él fue que me creció el gen del mal en mi espíritu, no le importo ni un comino sobre mi existencia, algo que a María realmente le importaba. Y… aún recuerdo la canción… la melodía que solía susurrarme a los oídos. Eso tranquilizaba mi ser y evitaba que mi… corrupción creciera. Pero el bastardo de George se fue, dejando a mi madre varada en mi planeta. Creo que fue ahí donde murió y bueno, el resto es historia: Me enfurecí como nunca antes me había enfurecido. Aún era un costal debilucho sin mucho progreso por delante, pero al pasar los años, me di cuenta de que sería una especie de mesías.

Mis camaradas me encomendaron una misión: Detener el flujo de las investigaciones de mi padre. De hecho, se me pasaron en la cabeza muchas ideas. En primera, matar al desgraciado, en segunda, inmortalizar el nombre de mi madre en la mente humana. Esos eran mis objetivos, pero al mismo tiempo, mis camaradas exigían una invasión a gran escala en la Tierra por la usurpación de los poderes de mi gente. Ah, pero parecía ser que ya era muy tarde para eso: Mi padre había muerto y había dejado un legado detrás, el líder de la resistencia que significaría mi caída. Había un grupo de malagradecidos jovencillos con nuestros poderes (robados, que quede claro eso) que osaron desafiarme, entre ellos estaba el líder. Era el momento justo para declarar la guerra al planeta. Combatimos con ferocidad, pero al final, gracias al entrenamiento único que ellos poseían, nos derrotaron y nos obligaron a retirarnos.

De todos mis camaradas, yo era el único que permanecía molesto y no toleraría ver el legado de mi madre rajándose a pedazos. Ellos fueron mi ruina y a partir de entonces, se convertirían en mi obsesión. ¿Ellos entrenaron sus pinches poderes, eh? ¡Pues con un carajo que yo también! Aumenté quien sabe cuánto mis poderes, lo hice por demasiado tiempo que se me olvidó lo que estaba haciendo… en otras palabras, estaba fuera de control. Era tanto el poder que había acumulado que pronto comencé a sentir el dolor… y luego el vacio. Esa fue la primera vez que morí.

Inconscientemente había previsto esto de una manera. Había un tipo llamado Pokey Minch al cual lo induje a mi control… mi títere perfecto. Si me llegase a pasar algo, él ya sabría qué hacer. Con mi primera muerte llego el caos, uno en el que no podía ni pensar ni sentir porque mi mente estaba literalmente muerta. Me había convertido en una espiral roja, una nebulosa grotesca que cada mísero segundo tenía que gritar por el eterno dolor que sentía. Y ahí fue cuando mi leal sirviente Pokey, vino a mi rescate.

Tengo que decir, desde la guerra con los humanos, los había odiado a todos y anhelado cada segundo de mi vida su extinción… por lo que George hizo, por su traición, todos debe pagar el precio máximo. Pero Pokey… ah, el gran y pendejo Pokey me había iluminado una pizca de mi plan. El era maligno, lo podía sentir en s interior, el tenía una intolerancia (para mi sorpresa) a los humanos tanto como yo… y eso que él era prácticamente un humano… uno muy imbécil pero me servía de todas formas. El me ayudo, tras mi transformación en la espiral rojiza a controlar lo que quedaba de mi mente en una maquina especialmente diseñada para esos casos. Pokey se convirtió en mi guardián, uno al cual le había encomendado la tarea de desatar el apocalipsis sobre la Tierra tan pronto como se apareciese la oportunidad correcta para ello. Y yo iba a ser EL apocalipsis en persona.

A partir de ese momento, yo me había convertido en un dios. Claro está que no podía aprovechar todo el potencial de mi potencial dado que mi mente estaba muerta, pero Pokey se las ingenió para desencadenar, al menos una fracción de mi poder sobre el mundo.

Recuerdo haber combatido dos generaciones de jovenzuelos que poseían los poderes de mi gente. La segunda generación estaría liderada por mi declarado némesis: Ness. Él se encargó de mi caída… mientras yo, gritaba de agonía, como el buen desesperado que podía ser. Mis ataques al mundo patrocinados por Pokey ligó a los chamacos nuestro escondite: Una cueva oscura, localizada en una montaña forrada de nieve.

Mis poderes también me permitían crear ilusiones perturbadoras en la mente de los jovenzuelos. Les hice creer que caminaban sobre un plano de intestinos delgados y al final del todo, la maquina donde mi ser caótico yacía lucía como un útero. Mis destructores primero combatieron con mi sirviente Pokey. La batalla resultante lo debilitó tanto que decidió, como un recurso desesperado, liberarme de la maquina que protegía mi ser… Pokey se largo de inmediato, como el cobarde que resultó ser.

Estaba libre de la maquina, pero, ¿A qué precio? Carecía de mente, carecía de raciocinio, carecía de toda concepción que ocurría a mí alrededor. Pero sentía tanto dolor, tanta amargura que me hubiera gustado matarme yo mismo en ese momento… pero no podía. Fueron Ness y compañía que me hicieron el favor.

Yo quería que se salvara mi alma… mi carne y hueso. Yo intente pensarlo y decirlo… pero me era imposible hacerlo. Y como los jovenzuelos aún tenía esa idea de que yo era la semilla del mal que estaba jodiendo al mundo, ellos me atacaron… me hirieron con sus rezos llenos de miedo… y al final simplemente me mataron. Esa fue la segunda vez que morí y creo que fue la definitiva por la cual estoy donde estoy.

Zero había estado escuchando con atención mi historia y volvió a profesar sus palabras:

-Asombroso, puedo decir que tu historia es casi tan cercana a la mía… ¿O querré decir cruel?

-¿Qué te pasó a ti?

-He notado que percibes el miedo de una sencilla forma. La historia que te contaré a continuación en verdad está plagado de ello… y también de dolor… dolor de todo tipo.

“Recuerdo con claridad mi hogar y mi antiguo rostro. Yo soy un nativo del planeta Pop Star… lo reconocerás, si es que las circunstancias lo ameritan, cuando observes un planeta en forma de estrella… literalmente. La galaxia en la que estuve involucrado probablemente se jode a la lógica de muchas maneras y, para ser franco, es cierto… brutalmente cierto. En fin, yo nací como un Waddle Dee precisamente en ese mundo cuya forma de gobierno es una monarquía. El imbécil del rey Dedede resultó ser nuestro gobernante, y le hice mucho énfasis a ese primer adjetivo porque, en verdad, él es un imbécil. Formaba parte de un grupo colectivo de Waddle Dees que seguían las órdenes del pingüino de una u otra manera. Desde el principio sabía que yo era alguien especial por poseer una cualidad intelectual que me diferenciaba del resto de mis compañeros, una de las muchas razones por la cual tuve muchos conflictos verbales con el rey. Pero yo tenía un sueño.”

“Si observas al… cielo en este plano donde estamos postrados, lo observarás con una penetrante bruma rojiza. En cambio, en mi mundo, todo estaba forrado de nubes y un cielo muy claro, con todo su esplendor azulado… pero las noches eran lo más importante. Estaba, digamos, obsesionado con las estrellas y lo que se podría encontrar más allá… en los confines del cosmos infinito. Mi sueño era poder conocer lo que había precisamente allá. Algunas veces me preguntaba si habría vida en otras partes del universo, por meses me cuestione eso hasta que se confirmó mi teoría: Si, si había vida aparte de nosotros… pero no la que yo esperaba.”

“Creo que yo fui el primero que tuvo contacto con la criatura, y probablemente el que salió bendecido con una maldición que actualmente poseo. Lucía como una nube negra, con filosos picos alrededor y un único ojo en el centro. La primera percepción que muchos tendrían sería que era algo grotesco pero para mí, lo vi como una belleza cautivadora. Tal vez esa fue la razón de porque estoy como estoy: La nube negra se abalanzo sobre mí, me atravesó y comencé a sufrir un dolor indescriptible… me convulsioné, me queje como nunca antes me había quejado… y luego, luego llegó la tranquilidad absoluta. Para cuando había despertado, me di cuenta de que había cambiado radicalmente de aspecto: Me había convertido en una enorme esfera blanca y con un solo ojo, tal y como lo tiene lo que me infectó. A partir de ese momento, sentí una especie de influjo sobre lo que me transformó… creo que fue a partir de ahí cuando comencé a llamarle… Materia Oscura.”

“Apenas me estaba fascinando con mi nuevo yo cuando me di cuenta de lo que sucedía en el mundo: Cientos de Waddle Dees y un número indefinido de habitantes había quedado infectado por la corrupción de la Materia Oscura. Había sido testigo a varios y estaban mutando de formas inexplicables, y ahí fue cuando me formulé la pregunta, ¿Dónde diablos estaba Kirby? Afortunadamente aún no había sido infectado pero ya había organizado un escuadrón de purificadores cuando la plaga se estaba saliendo de control. Colectando información, también me enteré que el rey Dedede había sido igualmente infectado… era un horror asombroso: Se abría la barriga revelando una enorme boca dientona y oscura, casi el mismo efecto que le ocurría al resto. Tenía el presentimiento de que para todo lugar al que iba, ahí siempre estaba la Materia Oscura. Mi mente aún seguía intacta… yo pude convertirme en el salvador. Podría terminar con su reino de terror infeccioso… y el bastardo nunca se daría cuenta que lo golpeo.”

“A la Materia Oscura lo agarré desprevenido y lo devoré. Esa era la idea, eliminarlo, que el ingrato se pudriese en mis entrañas. Oh, gran y patético error, eso solo era lo peor que podría haber hecho. Era el inicio de mi maldición.”

“Cuando mi ser se fusionó con la Materia Oscura, mi carne y sangre ardió tanto que literalmente comencé a sangrar de toda abertura que descontroladamente se abrían alrededor de mi. Creo que esa fue la única y última vez que el concepto de dolor barrió con su propia función, y yo lo sentí lo suficiente como para poder matarme ahí mismo. Si, pude haberlo hecho… pero no lo hice. De repente comencé a descubrir una nueva cualidad, una que se convertiría en mi arma de destrucción masiva personal: Sadomasoquismo. Luego de la tormenta vino la calma y adopté el placer de mi propio dolor y el dolor de los demás. No obstante, mi sentido de moralidad aún seguía intacto… pero no me sirvió de nada cuando Kirby y su escuadrón me encontraron después de que hubieron desinfectado a la mayoría de los enfermos.”

“Había dicho que tan pronto como la Materia Oscura formó parte de mí ser fue un gran error, ¿Correcto? Lo que siguió después fue como si empezarán a martillear los clavos a mi ataúd. Dado que todos me miraban como si fuera la fuente de la infección, me atacaron todos los presentes de inmediato. Tuve que desacelerarlos un poco con las esporas negras que eran expulsadas de mi interior, solo Kirby se atrevió a desafiarme cara a cara… solo él y nadie más.”

“El primer combate que tuvimos fue una señal de que la furia tomaba control de mi consciencia. Utilicé como arma mi propia sangre pero eso sólo empeoro las cosas: Mi cuerpo físico estalló liberando mi ojo ensangrentado. Desesperado, me propalé como un misil hacía mi enemigo pero eso únicamente provocaría que llegara más rápido mi muerte. Desaparecí en el vacio de la oscuridad y sólo pensaba en el fin. Cuál sería mi sorpresa al descubrir que esa oscuridad que estaba observando era el espacio mismo. Entonces me di cuenta del horror perturbador en el que me había convertido. Lo primero que note fueron las señales posteriores que se encontraban en mi cuerpo (el cual era básicamente el mismo que mi forma anterior pero con una ligereza superior), como manifestaciones de la muerte misma: Mi halo dorado representaba mi fallecimiento; mi cicatriz, oculta por un parche, el sitio donde estaba mi ojo antes de morir; mis alas angelicales, la resurrección y la inmortalidad. Este último punto es el que más aborrezco… se me dio una segunda oportunidad para seguir existiendo en la realidad del universo vivo, pero a cambio, perdí la felicidad en toda su totalidad. Así mismo, el eterno dolor físico y emocional que siento cada segundo en mi carne sumado a la inmortalidad que adquirí gracias a mi muerte y gracias a los poderes de la Materia Oscura acrecentaron todavía más este miserable cáncer desgraciado, ¿Cómo carajos puede uno cargar con todo eso? Incluso yo me sorprendo de mi mismo. Podría suicidarme, pero la inmortalidad lo evitaría… en otras palabras, estoy jodido.”

“Mi mente me arrojó a una cruzada de venganza tan pronto supe que jamás volvería a ser feliz. Vagué por la galaxia intentando predecir que hacer exactamente, todo comenzó a hacerse concreto cuando vi este mundo dominado por hadas… Ripple Star… creo que así se llamaba. No dude ni un instante para atacar ese planeta con toda mi furia desencadenada, muchos quedaron infectados por mi virus oscuro, pero solo uno se me escapó. Traté de alcanzar a esa hada que traía un cristal enorme, el corazón del planeta. No logré atraparla pero al menos hice trizas el cristal en una cantidad enorme de piezas diminutas que se esparcieron a lo largo de la galaxia. Si mal no recuerdo, creo que fue aquí donde susurré: ‘Si yo no puedo ser feliz… nadie lo será.’ Y así fue como ataqué a toda la galaxia de una buena vez.”

“Claro que Kirby y su escuadrón no se iban a quedar con los brazos cruzados. Ellos iniciaron al instante una odisea para recuperar los cristales perdidos y unificarlos, información obtenida gracias a esa hada truculenta que los acompañó hasta el final. De planeta en planeta pasaron, de infectado a infectado combatieron (y curados quedaron), de cristal a cristal recogieron, hasta que por fin osaron llegar al planeta de las hadas, grotescamente corrompido por mi presencia. No tardaron mucho para llegar a mi avatar falso: Un heptágono rojiblanco que poseía prácticamente todos los poderes que había obtenido Kirby a lo largo de su travesía. Al final, incluso mi pequeña arma de destrucción masiva termino por sucumbir ante la propia lógica de su disfunción elemental. A partir de ahí, ya no quedaba nada obstáculo alguno que permitiera experimentar la revancha contra mi ya declarado némesis.”

“En el vacio del caos que había logrado con una sola perforación a la fibra de este abstracto universo inútil, ahí fue donde yo, Kirby y esa mugrosa hada combatimos. Esa fue la segunda vez que luché con esa bola rosada… y también la según da vez que morí. No puedo decir que haya disfrutado eso… preferí morir antes que verlos sonreír. Si… me mataron y los desgraciados ni siquiera me preguntaron por qué diantres había causado tremendo alboroto. Si hubieran usado un poco ese cerebro sin uso que tienen, hubieran entendido por lo que sufro y me ayudarían a regresar al Waddle Dee que alguna vez fui.”

Escuché con atención la historia de Zero, me di cuenta de que indudablemente ambos compartimos una vida trágica. Aunque al mismo tiempo, descubrí que esto podría ser el inicio de una gran oportunidad para nosotros, algo que podría saciar nuestros tanques de venganza aún frescos y listos para usarse en todo su esplendor.

-¿Qué dirías si hubiera una oportunidad de recobrar nuestras vidas pasadas, justo en el momento en que morimos por última vez, y que pudiéramos realizar nuestras revanchas sin temor a morir de nuevo?

-Diría que eso sonaría fácil, a menos que hayas comprendido que no hay salida de este lugar.

-Eres inmortal Zero, tú puedes ir y venir de este mundo a la superficie cuando se te dé la gana, ¿O que acaso no quieres matar a tu némesis?

-Hmph, eres intimidante Giegue… eso me agrada…

-Giygas, por favor. Quiero ser un nuevo yo en cuento planeemos lo que tengo en mente.

-¿Y es…?

-Una invasión.

Este mundo muerto luce como un desierto, eso me queda claro. Pero en un lugar así, encontrar cadáveres vivientes como nosotros será una tarea sencilla. Por supuesto que al andar hablando en voz alta atrajimos la atención de dos individuos de aspecto un tanto siniestro: El primero era una especia de reptil, vestía traje negro y una corbata del mismo color, asimismo, tenía la boca ensangrentada… se hacía llamar Sceptile. El segundo era una especie de mono antropomorfo, con una gran barba rodeando su rostro y un traje como de imperialismo cósmico… se hacía llamar Andross.

Teníamos a los dos primeros, faltaban una cantidad innumerable de individuos que necesitaban de nuestra atención.

Y así, el Armagedón poco a poco comenzaba a construirse…

lunes, 17 de octubre de 2011

El caotico orden

Primera parte

Uniendo los cabos sueltos de la macabra historia de Pokémon que escribí hace ya tiempo, he aquí la segunda parte de una historia que seguramente dará mucho de qué hablar sobre el futuro de este tipo.

Disfrutad entonces =)

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El regreso a la civilización fue algo extraño. Claro, el mundo se salvo del olvido absoluto, pero parecía que había quedado una tarea más pendiente. Uno que involucraba la redención.

¿Quieres saber cómo termino todo? Ven, acércate y te lo contare.

Luego de sacarle a golpes a Darkrai las respuestas tan ocultas que necesitábamos para comprender los siniestros actos del conquistador del mundo y compañía, los 25 miembros que conformamos a la Legión del Poder nos encaminamos al palacio de ese engendro. En el camino nos encontramos con un demacrado Regigigas quien se esforzaba por tratar de llegar a algún lugar en vano al arrastrarse por el suelo luego de que Deoxys le rompiera las piernas en el asalto a nuestro cuartel general. El coloso se dio la vuelta y comenzó a insultarnos y a decir incoherencias que no tenían lógica alguna, el imbécil había perdido la cabeza pero la perdió por completo luego de que lo mate ahí mismo con Lucario y Deoxys atestiguando la ejecución.

Para asegurarnos de que Darkrai no cometiera estupidez alguna dentro del cuartel, nos lo llevamos con nosotros, encadenado y custodiado por Groudon. Las fuerzas de Sceptile estaban conformadas por cientos de miles, éramos básicamente la Legión contra el mundo. Pero si pudimos vencer al ejército de Regigigas, era claro que podríamos hacer frente contra a lo que nos íbamos enfrentar.

Llegamos al monte Lambda, o lo que es lo mismo, a los exteriores del palacio de Sceptile. Ahí, un número inimaginable de soldados ya nos estaban esperando, fue precisamente ahí cuando Rayquaza dio la orden para abalanzarnos contra todo ese mar casi infinito de militares. Al principio tuve la concepción de que enfrentar al ejército de ese loco idealista era una locura pero después me di cuenta de que todos nosotros los 25 éramos básicamente la hegemonía del poder en el mundo entero, claro está que enfocarse en esa percepción nos llevaría al fracaso así que decidimos actuar como una sola entidad, como todo buen grupo sabe hacer: Trabajar unidos.

No pasaron ni 2 minutos en pleno combate cuando ya observaba a varios soldados volar por los aires. Los colosos Regirock, Regigrass, Registell, Palkia y Dalgia eran como nuestros informantes, dado que podían observar el panorama de esta guerra desde una altura envidiable. A esto se sumaban Lugia, Ho-oh, Moltres, Articuno, Zapdos, Latios y Latias quienes nos proveían desde una visión aérea sobre el avance de la infantería militar.

La milicia de Sceptile se nos dejaba caer sobre nosotros como rocas enormes indetenibles que caen de un risco, nosotros por lo tanto, seguimos contraatacando, dejando a tantos soldados fuera de combate como fuera posible. Conforme transcurrían los minutos, más y más miembros de las fuerzas de Sceptile se añadían como parásitos a la masiva oleada que estábamos combatiendo. La zona entera estaba prácticamente forrada de ellos. Con nosotros en el núcleo de todo.

Desconozco cuanto tiempo paso durante esta guerra pero deduzco que fueron más de 9 horas las que nos tomo vencer totalmente a todo lo que ese cabrón desquiciado nos lanzo encima.

Al término de este pandemonio, nos encontrábamos profundamente exhaustos y observando el tiradero de cuerpos inconscientes que habíamos dejado… creo que solo el 2% pereció bajo mis manos y las de Deoxys y eso solo porque eran esos malnacidos corruptos y caníbales como Sceptile. En un momento de descanso, aproveche la oportunidad para leer las mentes de mis camaradas, de lo que descubrí no quedaba duda, todos en algún momento pensaron que iban a morir en esta guerra… no los culpo, yo también llegue a tener ese pensamiento en un determinado punto.

Poco después, Rayquaza se acerco a mí para preguntarme por Groudon y Darkrai (Quienes se mantuvieron al margen de la guerra para evitar alguna fuga del ser oscuro) y por algo más. El jefe me sugirió eliminar los recuerdo de Sceptile y su tiránica autoridad de las mentes de cada uno de sus soldados… y eso fue lo que hice exactamente. Uno a uno pasó por la limpieza mental a la vez de descubrir la cruel verdad de su titiritero. El proceso entero me tomo dos días completos, pero la recompensa fue grata: No solo la Legión estaba completamente recuperada de la guerra con el ejército sino que ahora, teníamos a ese mismo ejército de nuestro lado. Jirachi incluso me dijo que “tenemos el millón por ciento de oportunidad para derrocar a ese bastardo”. Eso era algo con la cual muchos concordaban pero ni yo, ni Rayquaza, Deoxys o Lucario estábamos completamente seguros de tal idea… tratar siquiera de pensar en confiarnos en la victoria era una locura.

Nos acercamos al patio del palacio de Sceptile, era un lugar bastante grande para guarecer a un ejército de proporciones colosales. Ahí instalamos a los soldados en espera de instrucciones por Rayquaza, y nos llevamos al comandante de la fuerzas de elite: Zoroark. Él estaba bastante molesto y muy frustrado de haber creído en un loco como Sceptile, el dijo que si trababa combate con él, le iba a dar un tiro en la cabeza y arrojar su cuerpo al fuego. No lo culpo, todos teníamos nuestras razones para matar a ese enfermo hijo de puta.

Los que entramos finalmente al palacio fuimos Rayquaza, Mew, Celebi, Deoxys, Lucario, Lugia, Groudon (Acompañado de Darkrai), Regirock, Registell, Lucario y un servidor. El resto se quedo afuera con Palkia al mando para organizar al ejercito y devolverlos a sus respectivos territorios de origen, el mundo se ha vuelto un sitio de anarquía a partir de que comenzó la guerra y era necesario restablecer el orden.

El interior del palacio era muy inusual, las cortinas de que solían cubrir las ventanas alrededor de la sala estaban destrozadas, cubiertas de polvo y totalmente pisoteadas. El resto del lugar estaba igual de desordenado, como si un tornado hubiera pasado por el sitio, arrasando con todo lo que se encontrase a su paso. En el centro del lugar se podía observar una estatua muy perturbadora que me dejo un mal sabor de boca al saber que el tipo con una pose victoriosa, bañada en oro puro, era el desgraciado de Sceptile, su efigie estaba sosteniendo las cabezas decapitadas de Blaziken y Gyrados, estas simplemente eran unas reproducciones hechas en metal de muy mala calidad. Entonces me dirigí a Groudon y le dije: “Derrite esa mierda, ¿Quieres?”

Proseguimos entonces. Mientras más avanzábamos más nos percatábamos de los cuadros colgados en las paredes que eran básicamente recortes de periódico sobre los “logros” de ese cabrón. El eje de este museo de las mentiras tenía como figura emblemática a un cuadro de 7 metros de alto y 5 de ancho que mostraba, de nuevo a Sceptile, con una pose relajada y siniestra, el tipo sentado en un trono chapeado de piedras preciosas, sonriendo diabólicamente mientras tenia la mirada penetrante hacia nosotros como si nos estuviera observando. Tal vez eso era una técnica mas para obligar a sus sirvientes a servirle de por vida.

Recorrimos todo el palacio, pero no había señal de él por ningún lado. Incluso con mi análisis mental del edificio, no pude ubicarlo. No fue hasta que el pesado de Regirock se tropezó con una pequeña manija en el suelo ubicado en donde jamás habíamos pensado en que estuviese: En la cocina.

Era un enorme agujero, el cual fue de gran ayuda para que todos pudiéramos entrar y acceder al piso inferior. Lo primero que notamos fue que mientras más caminábamos, mas metálico se volvía el ambiente, parecía que todo se volvía mas y mas futurístico al acercarnos a sea lo que fuera que estaba al fondo del todo. Entonces, lo vimos: Una gigantesca estructura metálica cuya esfera interna irradiaba todo el cuarto como si se tratara de un cañón a punto de ser disparada hacia la abertura del techo que daba hacia el cielo. No paso mucho antes que Sceptile se apareciera con un casco anti-telepatía en su cabeza. Recuerdo muy bien su pequeño pero último discurso: “Seguramente Darkrai ya les dijo que yo me obsesione con la idea de robarle los poderes a un dios, ¿Correcto? Resulta que llegaron un muy mal momento cabrones de mierda. Active la maquina una hora antes de que llegaran y eso solo significa una cosa, están todos jodidos. ¿Creen que me interesan sus pinches problemas? ¡Ja! Imbéciles desde el principio, imbéciles hasta el fin. Tengan muy en cuenta una cosa, siempre que haya ideales retorcidos, habrán visiones de sadismo sobre la vida”.

Tras decir esto, intentamos atacarlo, pero la maquina se disparo antes lanzando un potente rayo hacia el cielo que ilumino el cuarto entero. Una potencia lo suficiente poderosa como para dejar ciego a cualquiera. Observe a Sceptile con los ojos completamente desfigurados al haber visto directamente el rayo, se había quedado ciego, pero no le importaba. El cielo se oscureció y se resquebrajo de repente. Sceptile grito como un loco enloquecido mientras del cielo descendía una extraña masa de negrura que se movía erráticamente. La verdad, ya no podíamos hacer nada en ese momento, cualquier intento de acercamiento podría pulverizar a cualquiera dentro pero Sceptile resistió el dolor mientras volvía a observar que el poder de semejante maquina lo estaba literalmente despellejando. Entonces la masa de negrura entro por el agujero y absorbió a un deformado Sceptile en su interior.

Fue entonces cuando oí escuchar a Darkrai decir: “Ese malnacido. Jamás creí que su plan se volviera realidad y ahora… ahora ya no hay esperanza alguna. Zekrom, ya viene.” Antes de que yo siquiera pudiera pronuncia la pregunta ¿Quién es Zekrom? un rayo de oscuridad se abalanzo como un misil sobre el palacio… desintegrando todo el edificio y sus alrededores en el proceso.

…

Todos estaríamos muertos de no haber sido por Deoxys. El muy astuto ya nos había proveído de un virus benigno luego del lavado cerebral de los soldados para que, en caso de que el palacio entero fuese destruido por una explosión y en la cual no hubiéramos salido de ahí a tiempo, el virus actuaria de inmediato formando una piel protectora indestructible que sería inmune a todo tipo de explosivo. Todos los miembros de la Legión y la gran mayoría de los soldados que se encontraban en el momento del impacto sobrevivimos gracias a ello.

Para cuando emergimos de este devastador y desolador panorama en que se había convertido toda la zona que antiguamente perteneciera a Sceptile, el resto de los miembros de la Legión se reunió con nosotros así como una cantidad notable de soldados y todos comenzaron a preguntar qué era lo que había pasado. Nadie tenía una respuesta clara pero lo que dijo Darkrai me mantuvo intrigado. Un rápido análisis mental me reveló algo nuevo, los recuerdos reprimidos de su cerebro se estaban abriendo ante la presión del medio y el temor a la muerte que sentía en ese momento y por fin pude descubrir el pasado de este tipo.

Todo comenzó el año antes de que Blaziken ganara las elecciones para convertirse en presidente. En una villa a las afueras de la ciudad principal del país, vivía un enigmático grupo al que solo le llamaban La tribu de la oscuridad. Darkrai había sido seleccionado recientemente como el líder espiritual de la tribu tras el fallecimiento del antiguo líder Mismagius. No paso ni un día, antes de que el dios al que le rendían tributo se le apareciera a los ojos de Darkrai. Zekrom le dijo que dada su perfecta labor para mantener unida a la tribu y seguir los principios de sus ancestros, se le serian concedidos dones que únicamente el líder poseería: Invisibilidad, Metamorfosis en cualquier pokémon que desee y tentáculos de manipulación mental. Darkrai respetuosamente acepto los regalos y le prometería que le haría un buen uso mientras el viviese. Sin embargo, la locura se estaba entrometiendo en el lugar en el que menos esperaría y eso sería determinante para el cambio tan radical de su naturaleza espiritual.

Un enigmático ser apareció una madrugada cuando Darkrai comenzaba a levantarse. No, no era Sceptile, era alguien más, como si se tratara de alguien que no perteneciera a este mundo. El extraño ser sometió fácilmente a Darkrai sin levantar sospecha alguna del resto de la tribu. Lo miro directamente a los ojos pero aun así no logro identificarlo, entonces sintió como lentamente el miedo se introducía a su mente y la locura comenzaba a dar señales de aparición. Darkrai logro escuchar, sin embargo, parte de su pequeño discurso: “…mate a Mismagus para que todo siguiera su curso y te eligieran a ti para que, con los poderes que te han dado, mates a los tuyos. Cuando termines, no recordaras nada de tu vida pasada, y ni siquiera a mí, yo solo vine de paseo a este mundo para iniciar el plan maestro una vez que todo haya terminado. Nadie sabrá que yo estuve aquí y tú nunca sabrás quien soy yo. Ahora, hazme un favor, mata a tu tribu, ¿Quieres?”

Atrapado en un circulo de rabia, Darkrai no pudo sacarse la infección que aquel ser que le había introducido en el cerebro. Era tanta la rabia que tenía que termino por realizar una espantosa masacre en la villa. Nadie vio venir el ataque de Darkrai, se había convertido en una máquina de matar. Al terminar, y ya volviendo en sí, quedo devastado al observar los cuerpos despedazados de los suyos en la villa… entonces miro sus manos cubiertos completamente de sangre y también, se dio cuenta de que no podía recordar nada anterior a este genocidio. Frustrado, gimiendo y llorando, abandono la villa, lentamente siendo consumida por el fuego que el mismo provoco sin saberlo y se encamino a la ciudad buscando un poco de redención. Entonces, la locura termino por controlarlo por completo y cuando se topo con Regigigas y Sceptile, ambos lograron manipularlo tan fácilmente que se había convertido, en cuerpo y alma, en un títere sin ideales y motivos propios.

Aun no nos habíamos recuperado completamente todos tras la explosión cuando de repente, el cielo comenzó a oscurecerse mientras caóticos relámpagos se desplegaban como lanzas guerreras despedazando el viento. Fue ahí precisamente cuando lo vi: La perturbadora imagen de un grotesco Sceptile yacía suspendido en el cielo.

Por un par de minutos, creímos que no haría nada ya que se nos quedaba viendo con sus ojos penetrantes, sangrantes, deformes y temerosos. Y entonces fuimos testigo de su furia mientras nos levitaba 6 metros en el aire para luego azotarnos violentamente contra el suelo. Era un acto bastante extraño ya que Scepile elegía primero al azar a un pokémon cualquiera para luego dejarlo ir con todo al suelo, luego aumentaba a dos, a tres, a cuatro y así seguía continuamente con sus bizarros ataques sin que nada pudiéramos hacer al respecto. Era como si Sceptile estuviese jugando con nosotros pero al mismo tiempo escuchaba sus tenebrosos ecos de dolor y frustración. Parecía como si… careciera de mente propia.

Estaba tan enfocado en su manifestación y en mis pensamientos para saber cómo detenerlo que no me percate que Darkrai estaba realizando un ritual sagrado de su tribu… uno para invocar a un ente todopoderoso.

Entre este espectáculo de caos sin sentido, un rayo de luz oscuro surgió en el suelo y de él, emergía una figura que jamás en mi vida llegaría a ver en persona: Zekrom.

Al parecer, Zekrom estaba consciente de lo que sucedía al tiempo de que Darkrai se humillaba ante el diciéndole con tristeza sobre la masacre de la tribu de la oscuridad que, sin saberlo, cometió y que definitivamente no era digno de sus dones. Zekrom simplemente rio sarcásticamente ante su acto y le dijo: “No te preocupes por eso mi fiel siervo, en el periodo en el que vine hacia ti hasta el despertar de tu locura, un hecho inesperado se suscitó mas allá de este velo de la realidad que requería de mi atención al igual que la de mis hermanos Reshiram, Giratina y Arceus por lo delicado que se trataba. Sceptile fue un patético caso menor que lo arregle borrándole la mente de ese cascarrabias infiel. El osó enfrentarnos en nuestro plano con el objetivo de robar nuestros poderes divinos, y pago las consecuencias de forma terrible. Mis hermanos y yo hicimos un pacto de no interferir en el mundo mortal, eso se lo dejamos a ustedes. Esta es tu oportunidad de redimirte Darkrai, demuéstrame que puedes salvar al mundo y ser un héroe… una leyenda. Incluso si tienes que pagar el precio máximo para lograrlo. En cuanto al resto de ustedes, solo me resta exigirles una cosa: Sobrevivan”

Zekrom se disipo y Darkrai, sabiendo que tenía que realizar un último acto tras dirigir su mirada hacia el deforme Sceptile, comenzó a concentrarse mientras notábamos como una partícula de nuestros poderes de cada aquel que se encontraba en el campo de batalla comenzaba siendo fusionada en una esfera de energía pura. Rayquaza entonces entendió lo que estaba haciendo e intento llamar su atención al gritarle: “¡Darkrai, no tienes que hacer esto! ¡Déjanos ayudarte!” Darkrai simplemente lanzo una mirada hacia nosotros y entonces pronuncio sus últimas palabras: “Mi vida fue un gran engaño, ahora puedo por fin puedo alcanzar la redención que tanto he deseado. El perdón de mis pecados… la felicidad absoluta y el retorno con los míos”, y entonces se propulso como una bala hacia el núcleo del grotesco Sceptile, pulverizándose ambos en el acto en medio de un gran estallido blancuzco. Momentos después, el cielo lucia despejado y al fin podíamos observar de nuevo el gran cielo azulado.

-Darkrai se convirtió en un mártir. Todo este tiempo era un alma atormentada que solicitaba desesperadamente por ayuda.

-A veces me siento culpable de haberlo tratado tan mal luego de la golpiza que le propine.

-Era la guerra al fin y al cabo, ¿Qué podías hacer? Ni siquiera sabias lo que le había ocurrido.

-Cierto.

-A todo esto, ¿Qué le sucedió a Alakazam?

-Se convirtió en un pacifista tras encontrar la redención de su alma a través de la iglesia de Arceus. Tímido, fue hacia nuestros cuarteles, 2 semanas después de que el mundo fue restaurado a la normalidad, y pidió si teníamos un lugar para él.

-Asumo que ya lo habías perdonado para ese momento.

-Sí, lo hice. Igual que Darkrai, el simplemente era otra víctima más de las manipulaciones de Sceptile. Ahora entiendo que esta rivalidad por la que siempre estábamos peleando ocurrió porque Sceptile lo amenazo de muerte en el pasado y le ordeno que me sacara del tablero de alguna u otra manera.

-Lo traumatizo.

-Exacto.

-Por otro lado, ¿Tienes alguna idea de quién fue el sujeto que obligo a Darkrai a matar a los suyos? O, es más, ¿Entendiste a lo que se estaba refiriendo Zekrom que hizo reunir a sus colegas divinos?

-¿Cómo lo voy a saber? Todo es un enigma últimamente.

-Esta crisis… ciertamente nos afecto a todos, ¿Verdad Mewtwo?

-No te culpo Sonic, viviste una situación casi similar a la mía. Ese enloquecido equidna pago con su vida, se lo merecía el muy cabrón por haber traicionado a su propia raza.

-Al menos logramos devolver a todos los equidnas muertos a la vida, restauramos en su totalidad a toda la raza, eso es un excelente logro, ¿No crees?

-Una buena recompensa en verdad.

-¿Ya te pusiste en contacto con Mario y Fox para discutir sobre las respectivas crisis en sus universos?

-Aun no, pero espero reunirlos a ambos para que me cuenten su historia. De preferencia, hoy mismo.

-Hasta ahora tengo entendido que pasaron básicamente por la misma crisis que nosotros. Todos tuvimos que ser testigos de sacrificios enormes y no me sorprendería que ellos también lo hubiesen experimentado.

-¿Y te das cuenta de una cosa? Esta mierda de las crisis sucedió en el mismo jodido segundo. Como si alguien tras bambalinas hubiera arreglado todo esto desde el principio.

-Si algo mucho peor es lo que vendrá, debemos estar preparados.

-Sí… debemos estarlo.

…abaugicapa es on nua ari us euq ed ,ojeuq es ísa nua Y

lunes, 5 de septiembre de 2011

Archivo 16: El caos errante

Era común observar lo que me rodeaba, parecía prácticamente como un tugurio sin rostro con las animas de los de sin mente recorriendo el frio y elegante piso junto a algo enorme y transparente a mis espaldas. Mis ojos se desvanecían poco a poco gracias al cansancio natural de mi cuerpo y antes de que lo supiera, había caído victima de las garras de una oscuridad soñadora.


Mi mente se revolcó en el más grotesco caos inimaginable, mis ojos se movían de una lado a otro sin tener consciencia clara de lo que estaba sucediendo. Fue ahí cuando mi mundo se desvaneció y desperté, solo que esta vez, cuando desperté no fue en el mismo lugar en el que había despachado mis glúteos en la zona de hierro blanquecina, no… era un lugar en el que podrías realmente enloquecer si observaras lo yo observe.


El camino era un desolado panorama, como si el apocalipsis hubiera empezado sin que mi propio ser fuera testigo de tan suculenta destrucción. Las paredes tenían caras literalmente, pude reconocer muchas de ellas: hombres, mujeres, niños, ancianos… todos ellos gritando desesperadamente de dolor, la agonía de sus aullidos me taladraba los oidos como un rallador de quesos pasándose a si mismo por una pila de rocas amontonadas unas tras otras. Eso fue conmovedor, como si de alguna manera, me gustara el sufrimiento de esos rostros en las paredes.


Camine sin siquiera pensar en primer lugar hacia donde iba cuando mi visión se aclaro poco a poco y vi lo más bizarro que había visto en mi vida: pirámides de cristal deformes que se posaban del suelo con la punta, ¡Con la maldita punta! Y entonces sentí por primera vez miedo. De alguna manera recordé porque nunca antes había sentido miedo. En el mundo real, yo soy… o más bien era un don nadie que se dedicaba a destripar, a remover ojos y lenguas e incluso a veces a lacerar a pobres imbéciles que eran un estorbo a mi alrededor.


Recuerdo entonces la golpiza que me propinaron meses después de mi captura. Ellos me gritaron, me torturaron, me humillaron, lo hicieron todo con tal de romper mi espíritu. Lo que ellos no sabían era que mi espíritu ya había sido roto desde hace mucho, mucho tiempo. Luego de arrancarle brutalmente la cabeza a mi carcelero con la punta de un martillo abandonado por mi compañero de celda que ya había sido convertido en un montón de carne apilada, me retire a un cuarto solitario, que parecía no tener vigilancia. Entonces fue ahí cuando lo vi, al anciano que parecía muy enfermo y cansado.


El individuo del rostro terriblemente desfigurado me dijo con su voz áspera y siniestra: “Y cuando el caos se impuso sobre nosotros, el camino se abrió de par en par a nuestras líneas temporales y finalmente, el destino nos dejo aquí por alguna razón”. Mientras hablaba note como jugaba plácidamente con una pequeña pirámide de juguete, la volteo y la puso en el suelo sobre su punta. Al momento de hacer eso, el rio como un loco enfermo dispuesto a encarar el condenado fin del mundo. Eso me molesto al grado de levantarlo violentamente del suelo y amenazar con matarlo, entonces la verdad se rebeló ante mí como un tren descarrilado que despedazaba toda mi carne y hueso. El murmuro tranquilamente: “Yo soy tu ancestro”


Luego de eso, bueno, mi ancestro volvió a reír y enseguida se convirtió en cenizas. Súbitamente y sin que nadie lo advirtiera, amanecí tumbado como un vago cualquiera en una silla hecha al parecer de metal retorcido y ahí me quede, viendo a los que pasaban con sus tranquilas e ignorantes vidas. Cuando volví a mí en este mundo sin lógica aparente, continúe mi rumbo y abrí la única puerta visible. La siguiente escena podría haber pulverizado en un santiamén la mente de un hombre común y corriente. Mi dichoso ancestro tenía una mueca feliz en su desfigurada boca mientras me habría paso al caos errante: Un ser impresionante, colosal y escalofriante, con algunos tentáculos que apenas se distinguían pero que desaparecían erráticamente al compas de la poca luz visible de esta… dimensión. El decía triunfalmente que el pecado de la maldición familiar traería no solo el horror absoluto, sino la experimentación de mi propio Armagedón en carne propia.


Y entonces él grito, grito como nunca había gritado mientras observaba como si nada hubiera pasado como sus intestinos salían libremente de su estomago, el fluido de su sangre recorría la nada fugazmente, sus ojos desaparecían, su boca misma desaparecía a lo que lo dejo en una desesperación absoluta y finalmente, su piel se estiro al infinito del vacío dejándolo tumbado sin vida mientras mi gran señor recogía con su tentáculo su cuerpo lleno de músculos chorreantes de sangre, huesos disparados de sus aberturas y un rostro completamente sin vida. La cara del que alguna vez fue un asesino serial y pago el precio de una manera irónica. Los del mundo de la superficie nunca podrán explicar porque yace un pedazo humanoide de carne y hueso, ensangrentado de par en par, yaciendo en una silla de metal y a espaldas de una gran pirámide de cristal.