lunes, 31 de agosto de 2026

La teoría del apresurado

(Publicado originalmente en abril de 2010)

Hoy decidí hacer este blog por los constantes comentarios que me he encontrado acerca de juegos cortos, algo que realmente me ha preocupado por esto del asunto del replay value. En el siguiente texto puede haber contradicciones, así que si pasé inconscientemente por ello, pido disculpas. En fin, aquí está este revoltijo de palabras y sinsentidos que he preparado ante ustedes, lectores y lectoras. Espero que lo disfruten.

Recapitulando primero un poco las cosas de lo que sucede en estos tiempos. Actualmente, las exigencias para los juegos (no importa si son de categoría AAA, AA o menos) aumentan conforme los días. Las compañías videojueguiles hacen su esfuerzo para concebir “X” juego que esté acorde a la fanaticada. Al principio todo sale bien, pero ahí es cuando entra ese espía secreto que se adentra en nuestras mentes y nos hace seguir ese camino que quizá sea un camino demasiado erróneo para seguir debido principalmente a lo que puede ocurrir al final y que puede desmoronar de tajo las esperanzas de aquel que sigue con detenimiento el proyecto, un camino al que se le denomina Hype. En fin, una vez que el juego, no importando cual sea, llega a las manos o a los ojos del consumidor, este corre como un desesperado para saborear con delicia ese producto cuyas vísceras esconde un universo lleno de diversión y que procede a dárselo de comer a través de un medio enchufado a una corriente eléctrica.

El castillo de cartas puede llegar a colapsar. El usuario está tan apresurado a terminar el juego y, una vez que lo hace, lo arrumba por ahí, deja que el polvo se acumule en él y prácticamente lo olvida. En juegos con un online en aumento constante, esto regularmente no aplica, obviamente. En fin. Juegos viejos o nuevos, el caso siempre había sido el mismo. Solo unos pocos se detienen para observar con delicadeza el ambiente que lo rodea, la música que adorna el alma del juego y la epopeya que se cuenta en ese gran pedazo que la sociedad no quiere calificar como arte. No simplemente tragarse un bocadote de comida con el riesgo de atragantarse, sino dejar que el alimento sea tocado, suavizado y degustado por el trabajo en equipo de la lengua, los dientes, el paladar y la lengua antes de finalmente engullirlo. ¿O acaso es demasiada analogía?

Hacerlo a las prisas es despedazar por completo el replay value que el juego ofrece cordialmente a sus consumidores y ellos (solo algunos, no todos) ni le hacen caso. La teoria del apresurado ahí está. ¿El mito? Verdades y mentiras existen, todas ellas reales en cuanto a este fenómeno secreto. Y con todo esto que acabo de explicar, uno cree que ya he terminado, pero no, aún hay más que contar, algo relacionado directamente con los medios de comunicación.

Cuando un juego es puesto a detalle con un previo, le escarban todo lo que se puede escarbar con tal de recabar la información preliminar de lo que pueda ser ese juego del que se está hablando. Al principio todo está bien pero es cuando todo se sumerge en un torrente de decepción cuando la longitud del juego en cuestión es revelada, más aún si se balancea en proporción a lo gastado. Las horas de longitud del juego. Es ahí donde el observador se deja llevar por ello, a veces, y es ahí justamente cuando se hace una opinión rápida en lo que se va decidir obtener el juego o no: llueven “meh’s”, “me importa un comino”, “voy a rentarlo”, “qué corto es”, etcétera. Una justificación rápida de un juego lleva a muchas consecuencias, entre ellas perderse de una experiencia que ahora es bendecida como si fuera un ídolo divino. De nuevo, esto solo sucede a veces. Si el jugador quiere probar una demostración, está bien, será su decisión, pero también podría estar en contra de no poder jugarlo como se debe. El tiempo está en su contra y apresurarlo por acabarlo ahí está, sin importarle un cacahuate todo lo demás. Ahí, otra vez, es cuando me refiero a que el replay value del juego es destazado, vilipendiado, machacado, asesinado, quemado y demás adjetivos que simbolizan lo mismo.

Si se quiere dar uso al juego y mas considerando el replay value, el juego debe de ser comprado. Entiendo que los juegos de hoy cuestan un ojo de la cara o más y que además será un tremendo gancho al hígado en su economía personal (en otros países no es exactamente lo mismo, pero como vivimos en México, tendremos que conformarnos a regañadientes con esa realidad), pero al final, eso  valdrá la pena: sacarle provecho al juego, exprimir todo su jugo y disfrutar de esa experiencia sin esa negatividad del apresuramiento encima.

Y aqui termino yo con otro blog en mi haber. Esto pudo haber sido reflexivo hasta cierto punto, pero ahi está a lo que llamo la teoria del apresurado. Muchas gracias por pasar a este humilde e insignificante plano de ningún lugar, camaradas. Volveré cuando se me antoje volver. Hasta entonces.

Flesh Eater cambio y fuera.

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