(Publicado originalmente en abril de 2010)
Hoy decidí hacer este blog por los constantes comentarios que me he encontrado acerca de juegos cortos, algo que realmente me ha preocupado por esto del asunto del replay value. En el siguiente texto puede haber contradicciones, así que si pasé inconscientemente por ello, pido disculpas. En fin, aquí está este revoltijo de palabras y sinsentidos que he preparado ante ustedes, lectores y lectoras. Espero que lo disfruten.
Recapitulando primero un poco las cosas de lo que sucede en
estos tiempos. Actualmente, las exigencias para los juegos (no importa si son
de categoría AAA, AA o menos) aumentan conforme los días. Las compañías
videojueguiles hacen su esfuerzo para concebir “X” juego que esté acorde a la
fanaticada. Al principio todo sale bien, pero ahí es cuando entra ese espía
secreto que se adentra en nuestras mentes y nos hace seguir ese camino que
quizá sea un camino demasiado erróneo para seguir debido principalmente a lo
que puede ocurrir al final y que puede desmoronar de tajo las esperanzas de
aquel que sigue con detenimiento el proyecto, un camino al que se le denomina
Hype. En fin, una vez que el juego, no importando cual sea, llega a las manos o
a los ojos del consumidor, este corre como un desesperado para saborear con
delicia ese producto cuyas vísceras esconde un universo lleno de diversión y
que procede a dárselo de comer a través de un medio enchufado a una corriente
eléctrica.
El castillo de cartas puede llegar a colapsar. El usuario
está tan apresurado a terminar el juego y, una vez que lo hace, lo arrumba por
ahí, deja que el polvo se acumule en él y prácticamente lo olvida. En juegos
con un online en aumento constante, esto regularmente no aplica, obviamente. En
fin. Juegos viejos o nuevos, el caso siempre había sido el mismo. Solo unos
pocos se detienen para observar con delicadeza el ambiente que lo rodea, la
música que adorna el alma del juego y la epopeya que se cuenta en ese gran
pedazo que la sociedad no quiere calificar como arte. No simplemente tragarse
un bocadote de comida con el riesgo de atragantarse, sino dejar que el alimento
sea tocado, suavizado y degustado por el trabajo en equipo de la lengua, los
dientes, el paladar y la lengua antes de finalmente engullirlo. ¿O acaso es
demasiada analogía?
Hacerlo a las prisas es despedazar por completo el replay
value que el juego ofrece cordialmente a sus consumidores y ellos (solo
algunos, no todos) ni le hacen caso. La teoria del apresurado ahí está. ¿El
mito? Verdades y mentiras existen, todas ellas reales en cuanto a este fenómeno
secreto. Y con todo esto que acabo de explicar, uno cree que ya he terminado,
pero no, aún hay más que contar, algo relacionado directamente con los medios
de comunicación.
Cuando un juego es puesto a detalle con un previo, le
escarban todo lo que se puede escarbar con tal de recabar la información
preliminar de lo que pueda ser ese juego del que se está hablando. Al principio
todo está bien pero es cuando todo se sumerge en un torrente de decepción
cuando la longitud del juego en cuestión es revelada, más aún si se balancea en
proporción a lo gastado. Las horas de longitud del juego. Es ahí donde el
observador se deja llevar por ello, a veces, y es ahí justamente cuando se hace
una opinión rápida en lo que se va decidir obtener el juego o no: llueven
“meh’s”, “me importa un comino”, “voy a rentarlo”, “qué corto es”, etcétera.
Una justificación rápida de un juego lleva a muchas consecuencias, entre ellas
perderse de una experiencia que ahora es bendecida como si fuera un ídolo
divino. De nuevo, esto solo sucede a veces. Si el jugador quiere probar una
demostración, está bien, será su decisión, pero también podría estar en contra
de no poder jugarlo como se debe. El tiempo está en su contra y apresurarlo por
acabarlo ahí está, sin importarle un cacahuate todo lo demás. Ahí, otra vez, es
cuando me refiero a que el replay value del juego es destazado, vilipendiado,
machacado, asesinado, quemado y demás adjetivos que simbolizan lo mismo.
Si se quiere dar uso al juego y mas considerando el replay
value, el juego debe de ser comprado. Entiendo que los juegos de hoy cuestan un
ojo de la cara o más y que además será un tremendo gancho al hígado en su
economía personal (en otros países no es exactamente lo mismo, pero como
vivimos en México, tendremos que conformarnos a regañadientes con esa
realidad), pero al final, eso valdrá la
pena: sacarle provecho al juego, exprimir todo su jugo y disfrutar de esa
experiencia sin esa negatividad del apresuramiento encima.
Y aqui termino yo con otro blog en mi haber. Esto pudo haber
sido reflexivo hasta cierto punto, pero ahi está a lo que llamo la teoria del
apresurado. Muchas gracias por pasar a este humilde e insignificante plano de
ningún lugar, camaradas. Volveré cuando se me antoje volver. Hasta entonces.
Flesh Eater cambio y fuera.

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