viernes, 12 de abril de 2013

El Merodeador


[Bitácora del científico Gibraltar: En mi vida jamás había notado algo similar. Un Ahuizote capaz de reproducir sus pensamientos en palabras visibles para cualquiera. Uno literalmente puede ver las palabras sin necesidad de tenerlas inscritas en papel. Lo siguiente, es una transcripción de lo que este Ahuizote pensó mientras se encontraba, aparentemente, infectado por una extraña enfermedad y perdido en un bosque.]

La lluvia empezó temprano esta mañana.

Vagando en una ruta desconocida en este bosque olvidado por todo y todos, con mis extremidades inferiores pisoteando los pequeños charcos que me encontraba por el camino mientras las gotas de agua se despedazaban sobre mi cabeza y mis hombros, el olor de la humedad hizo frenar mi travesía e inmediatamente comencé a recordar algo en lo particular.

Había conocido un olor similar a este antes, pero era áspero. Mi mente me traiciona porque se niega a saber exactamente a que se refiere esta sensación, pero, tal vez, quizá no sea tan lindo como parece.

De donde vengo, cada uno de nosotros está usualmente hambrientos de ciertas “cosas” que nos gusta devorar de los vivos. Primero, tenemos que capturar a nuestras asustadas e indefensas victimas. Después, procedemos a arrancarles la vida de sus cuerpos al comer… las decoraciones externas, por una forma más formal de decir.

Realmente odiamos el interior, dejamos que los buitres se hagan cargo del trabajo. ¿Por qué estoy enfocándome en esto? Porque el olor pudo haber provenido de algo que he comido, pero ni siquiera me he atragantado con nada en años. Debe ser la carencia de hambre, lo cual es extraño.

Tan solo pensar en matar a mi comida me obliga a arrojarme al fondo de un acantilado.

Me quede mirando los infinitos muros de árboles hacia mis lados, y mientras las corrientes de aire golpeaban mi nuca, empecé a sentir tristeza, pero súbitamente cambió por algo diferente: Redención. Quizá sea por lo enigmático que este tipo de clima puede hacerle a uno. No lo sé para ser honesto, pero es cierto que es inspirador en ciertas ocasiones. Como si fuera una fuerza de influencia para la mente.

Para cuando volví en sí, habían pasado 2 horas. Estaba completamente mojado pero no importaba: no es que me dé hipotermia, no podía ni siquiera enfermarme. Ahí ya van dos características que debo enterrar profundamente en mi cerebro para recordarme que no puedo sentir estas… propiedades.

Resumí mi caminata y al estar al tanto del cielo, me di cuenta que no estaba tan oscuro como esperaba. Estos deben ser las últimas horas de la oscuridad antes que el sol salga. Pero, a pesar de mis deseos de dejar que luz me toqué como nunca antes, sé que eso será imposible. Sé que ESO, esta enfermedad mía, no me va a dejar y eso es triste… muy, muy triste.

Sin duda quiero ver esa esfera de fuego amarilla que brinda vida a cada cosa que respira en este mundo de nuevo. Y sé que no ocurrirá, jamás. Mis ojos se quemarían si osara ponerme a mí mismo a prueba.

Buscar una cueva en este lugar no es tan difícil pero debería considerarme afortunado: El agujero en el que me metí es lo suficientemente grande para que me sirva de hogar hasta que pueda encontrar respuestas para mi caso. Por ahora, debo permanecer aquí hasta que el día se extinga y la noche vuelva una vez más. Odio esto pero no tengo elección: Estoy condenado por el estatus del que soy parte.

La lluvia comenzó a reducir su poderío unos pocos minutos después. Me acomodé en una esquina cálida e intenté dormir un rato. Este fue el momento en que mi enfermedad tomó forma física, la cosa negruzca, deforme y grotesca que me ha convertido en lo que soy. Eso simplemente me susurró a los oídos:

-Cierra tus ojos ahora. Es hora de soñar.

Mis parpados se cerraron sin tener control sobre ellos, y no se abrirán sino hasta la siguiente noche. Raramente tengo sueños, pero esta vez, deseaba al menos tener uno, no importando lo patético que resultase, quería experimentar una nueva historia en mi mente. Incluso yo sabía que esta era una mentira.

La oscuridad protege mi visión. La luz lo descuartiza sin piedad. Esa es la única verdad.

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