miércoles, 6 de octubre de 2010

Sobre la nariz

Hoy en mi habitual día de clase de Literatura, la maestra abarco ciertos temas como la critica o el ensayo, textos de tesis, textos religiosos, etc. hasta llegar al punto de los ejemplos. Empezó leyendo (Incluyendo nuestra participacion en clase obviamente) algunos textos como ejemplos de los tópicos mencionados hasta llegar a un texto que me llamo la atención verdaderamente.

Dicho texto, o mejor dicho, ese ensayo se llama "Sobre la nariz" de una periodista del periódico de la Jornada de nombre Verónica Murgía. Así que luego de terminada la clase y de que yo llegara a la jaus, lol, me dedique haber si podía dar con el mismo texto en la red. Afortunadamente lo encontré tal y como lo había leído la maestra y ahora, me gustaría compartirles dicho texto a los presentes lectores.

Disfrutad =)

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El domingo pasado me dediqué a leer cuentos. Naturalmente leí muchos cuentos rusos, entre los que estaba La nariz, de Gogol, pequeña obra maestra del absurdo protagonizada por un barbero, un oficial que un día se despierta sin nariz, y por la nariz misma, que aparece primero dentro de un pan y luego anda por la calle sola y más dispuesta a hacer carrera que cuando estaba pegada a la cara de su dueño. Una delicia.

En la noche prendí la televisión y vi con estupor un programa que registra minuciosamente las transformaciones de personas que solicitan con fervor que les hagan cirugías plásticas múltiples, pagadas por la televisora y perpetradas por un equipo de cirujanos que admiten las cámaras en el quirófano para filmar las sangrientas –obviamente, pero sí espanta un poco– operaciones. El programa en cuestión sigue a los aspirantes desde que se les comunica que su solicitud fue aceptada (¡y reaccionan como si les dieran el Nobel!) y los acompaña a lo largo de unos, muy terribles, calvarios en pos de lo que ellos creen que es un físico aceptable. Párpados, senos, nalgas, la parte superior de los brazos, panzas, muslos, arrugas, ojos, orejas y por supuesto, narices, son recortadas, cosidas, curadas con láser, pulidas, estiradas, engrosadas, subidas o aplastadas y todo el mundo queda feliz.

Lo que causó mi azoro no fue la idiotez adobada de cursilería de los narradores, o la vulnerabilidad tremenda de los solicitantes. Uno de los procedimientos, incluso me maravilló: la cirugía láser de ojos que deja a los pacientes con vista mejor que 20/20. No sé qué sea mejor que 20/20, pero lo imagino como un don mágico, uno de los poderes del Hombre Araña. Además, es el único procedimiento incruento y dura dos minutos. Es algo increíble.

No, lo que me indignó un poco fue el caso de una mujer que decía necesitar una rinoplastia –cirugía de la nariz– porque su enorme nariz le impedía tener pareja y una vida social satisfactoria. Cuál no sería mi sorpresa al ver la toma de perfil, porque su nariz era, de verdad, del mismo tamaño que la mía, y si me apuran, de forma parecida. Mi nariz no tiene la culpa de nada de lo que me ha pasado en la vida conyugal o la vida en general. A la mujer ésta le recortaron la nariz y le quedó una distancia extrañísima entre el labio superior y el principio del tabique. Da la impresión de que se está tapando los dientes con el labio, como si los tuviera constantemente destemplados, una cosa rarísima.

Desde el domingo me he estado fijando mucho en las narices de la gente que pasa frente a mis narices y creo haber detectado muchas rinoplastias. Tal vez me equivoco, pero me parece que el síndrome Michael Jackson está vivito y coleando entre nosotros, aunque afortunadamente en menor escala (y, ¿quién tiene el dinero para pagar millones de dólares para quedar como un murciélago depilado?). Una hojeada, en la cola del súper, a las revistas que se ocupan de la farándula y de la gente bien, satisfizo mi curiosidad científica: a las actrices de la tele y las mujeres de cierta clase social les gustan las narices muy pequeñas y con el tabique afilado.

No tengo nada en contra de la cirugía plástica, al contrario, pero quiero defender las narices grandes, porque me parece que tienen una mala prensa inmerecida. En las ilustraciones de los cuentos para niños, los malos tienen la nariz grande y ganchuda. Las brujas, en especial, son muy narizonas. La prueba irrefutable de que Pinocho mentía, era el súbito crecimiento de su nariz. Mucho más dañosa ha sido la propaganda antisemita que asocia la nariz judía o árabe a defectos como la avaricia. Hay montones de avaros o malvados con naricitas.

En el libro La seducción secreta, de Piet Vroom, un estudio ameno acerca del olfato y su importancia en la vida humana, el autor afirma que algunas cirugías pueden trastornar la percepción de los olores: la extracción mal hecha de pólipos nasales, o las rinoplastias que modifican el flujo del aire que lleva las moléculas odoríferas a las membranas, mismas que a su vez enviarán la información al bulbo olfatorio. Un mundo sin olores es, según los estudiosos, entre ellos el genial Francisco González Crussí, un mundo en el que el amor, el deseo sexual, la memoria y el placer de comer quedarían irremediablemente empobrecidos. Nomás hay que pensar en cómo se vuelve insípida la comida con un resfriado común.

Un precio demasiado alto por achicarse la nariz.

3 comentarios:

  1. Yo creía que eso de la cirugía plástica no existía en mi pueblito, más allá de las esposas de narcos que se inyectan las nalgas para que sus maridos no las dejen (más que nada para no perder el estatus). Pero ví que me equivocara cuando entré al Hospital y empecé a conocer a la gente, la doctora Rojas fue la primera que conocí, una mujer chaparrita muy bonita, que presumía su cirugía de naríz a todas en la oficina y recomendaba a su cirujano, de hecho mi jefa (del trabajo) estaba pensando hacerse la cirugía pues no le gustaba su naríz (me pregunto a quien si...).

    Luego meses después, transfirieron a la oficina a Laura, una chica de esas típicas rubias pendejas, ella traía su nariz bendada por que se acababa de hacer la cirugía, aparte ya se había hecho una para las nalgas y otra para las tetas... por que solo salía con narquillos de miércoles...

    En fin, mi naríz no me gusta pero jamás me la operaría nunca. Bueno, tal vez necesite alguna cirugía por que desde hace mucho, un poro no me sirve totalmente, solo respiro con uno y con el otro muy poco.

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  2. Muy buen aporte camarada. El texto es bastante interesante.

    Yo no sé por qué las personas harán eso de cirugías cosméticas(no generalizo, hay cirugías plásticas necesarias), será por baja autoestima o por moda, no lo sé...

    Saludos :)

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  3. @Jaime: Interesante anecdota camarada. Pues si, podemos ver en quiza cualquier rincon en el que osemos posar nuestros ojos como hay personas que parecen "desfiguradas" por estas chucherias. Parecen mas androides o seres de porcelana que humanos normales.

    @M1KE: Quiza sea debido a que quieren, aunque el tiempo diga que no, obtener la juventud eterna. Eso o es un problema emocional muy serio de las personas (Igualmente, no generalizo ahi sobre las cirugias plasticas).

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